Bailar coreografías ante espejos en la calle, la nueva moda urbana entre jóvenes

Le llaman K-pop, es un género musical con canciones pegadizas y coreografías enérgicas que jóvenes bailan ante grandes ventanales

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Bailar (archivo - donations welcome en Pixabay).

Àlex Gutiérrez Páez (EFE) | Le llaman K-pop, es un género musical con canciones pegadizas y coreografías enérgicas que jóvenes bailan ante grandes ventanales que reflejen sus movimientos, ya sea ante escaparates o edificios acristalados, y es una moda surgida en Corea del Sur en los 90 que se está extendiendo por ciudades de toda Europa.

Sus ensayos son públicos y callejeros. Grupos de adolescentes se citan diariamente ante los mismos cristales para repetir una y otra vez una coreografía que, muchas veces, no tiene nada que envidiar a las profesionales.

En Barcelona, pueden verse numerosos grupos de jóvenes de entre 12 y 25 años cada tarde bailando al son de música a todo volumen frente a los cristales de las aulas de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) en el campus del Poblenou, ante el acristalado edificio de la editorial RBA e incluso ante los tintados vidrios del rascacielos que alberga a los abogados Cuatrecasas.

Una de estas jóvenes es Sandra García, que se hace llamar ‘Sendy’, una estudiante de peluquería y profesora de K-pop de 20 años que lidera el grupo EST, integrado por nueve miembros de entre 15 y 27 años y con más de 170.000 seguidores en YouTube.

«Desde que lo descubrí en 2017 a raíz de un videoclip que encontré en YouTube, el K-pop ocupa el 50 % de mi día a día», confiesa a Efe Sendy, que aspira a ser profesora de baile a tiempo completo algún día.

Su fanatismo por el K-pop se consolidó con la irrupción de BTS, el grupo musical más conocido de este género y que recientemente ha anunciado su separación temporal después de haber colaborado con estrellas internacionales como Coldplay, Sia o Nicki Minaj.

«Los bailes de K-pop pueden ser sencillos para que todo el mundo pueda llevarlos a cabo o muy complicados para tener más impacto», indica la líder de EST, cuyos vídeos superan los 28 millones de visualizaciones.

La mayoría de las coreografías del grupo se graban en zonas emblemáticas de Barcelona, como el céntrico Portal de l’Àngel, bajo la atenta mirada de vecinos y turistas, y triunfan en las redes por la dificultad de sus coreografías, la variedad cromática de sus colores de pelo y sus exóticas vestimentas.

Más allá del aspecto musical, los ‘K-popers’ -como se autodenominan sus seguidores- coinciden en que, desde que estos ritmos surcoreanos entraron en sus vidas, sus círculos de amistades se han ampliado.

«A partir de 2015, que es cuando comencé a hacer mis pinitos haciendo bailes de K-pop como solista, he hecho entre 10 y 15 amigos muy íntimos y aproximadamente un centenar de conocidos», confiesa a Efe Carlos Guzmán -aunque sus amigos lo llaman ‘Chen’-, un graduado en Diseño de 23 años.

Aunque reconoce que en sus inicios el K-pop era muy desconocido y estigmatizado, Chen agradece haber estado rodeado de personas que siempre lo han animado a seguir bailando y que han sabido valorar todas las horas que dedica a practicar sus bailes.

«Ensayar requiere muchísimas horas dependiendo de la coreografía, por lo que cuesta compaginar el K-pop con la vida académica, que también comporta mucho tiempo», lamenta el diseñador, que asegura estar preparando 12 coreografías en estos momentos.

Esta falta de tiempo, precisamente, es lo que provoca que algunos jóvenes tengan que abandonar el K-pop.

Es el caso de Marta Flotats, cocinera de 22 años, que desde que cursó sus prácticas en un restaurante con dos estrellas Michelín el año pasado, tuvo que apartarse de los escenarios para labrarse un futuro entre fogones.

Durante su trayectoria en el K-pop formó parte de varios grupos, aunque el que más le marcó fue el último -Twinny-, con el que llegó a bailar junto con cinco amigas suyas en el festival de cultura pop Japan Weekend Barcelona en 2017, que en sólo dos días recibió más de 23.000 asistentes.

«Todas nos hicimos mayores y empezamos a encontrar trabajos con horarios que eran incompatibles con los ensayos, era muy difícil coincidir todas en un mismo día», lamenta Flotats, que actualmente trabaja en un restaurante japonés y, sólo cuando tiene algo de tiempo, queda con amigos para practicar estos bailes coreanos, que luego cuelgan en las redes.

Aunque piensa que ahora hay más conocimiento sobre el K-pop, la cocinera considera que sigue siendo un género «muy estigmatizado» y reducido a «personas asiáticas que bailan».

«Me duelen estas opiniones, porque el K-pop fue mi vía de escape durante mi adolescencia y me ha permitido no sólo hacer muchos amigos, sino también conocer la cultura surcoreana y, más adelante, la asiática», reflexiona Flotats.