Un bosnio busca desde 1992 a 29 familiares desaparecidos en la guerra

"Encontraré a mis hijos. No pierdo la esperanza. Mientras pueda caminar, los seguiré buscando", asegura este bosnio de 60 años

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Fikret Bacic. EFE/ Velija Hasanbegovic

Nedim Hasic (EFE) | El bosnio musulmán Fikret Bacic busca desde hace casi treinta años a su madre, su esposa y dos hijos, así como a otros 25 familiares de su aldea que desaparecieron durante la guerra de Bosnia-Herzegovina (1992-1995).

Ha dedicado toda su vida al objetivo de encontrarlos, ha pasado por miles de lugares, tumbas y fosas comunes, pero no ha logrado dar con informaciones irrefutables ni encontrar su restos mortales.

«No duermo. Dos o tres horas como máximo. El resto de la noche la paso reflexionando», afirma Bacic.

Asegura que es así desde el día en que supo de la desaparición de 29 de los 33 parientes suyos que vivían en la aldea de Zecovi, cerca de la ciudad de Prijedor, en el noreste de Bosnia-Herzegovina.

Su hijo Nermin tenía en aquel entonces 12 años y su hija Nermina seis. Entre otros, desapareció también su querido sobrino de dos años.

Sus familiares figuran entre las 7547 personas que todavía se consideran desaparecidas en Bosnia-Herzegovina, donde entre 1992 y 1995 desaparecieron unas 35.000 personas.

Él sobrevivió por causalidad, porque con un mes de anterioridad, con 33 años, se había ido a trabajar a Alemania.

UNA BÚSQUEDA DE 28 AÑOS

Primero le llegaron informaciones no confirmadas de que los Bacic fueron todos fusilados por milicianos de Ejército serbobosnio cuando en junio de 1992 ocuparon la aldea, que no ofreció resistencia.

«Conseguí las primeras informaciones fidedignas en 1998, cooperando con la Comisión para desaparecidos. Sé la fecha exacta de su desaparición, el 28 de junio de 1992. Desde entonces estoy en busca de los miembros de mi familia», cuenta Bacic.

Asegura que desde entonces ha participado en el descubrimiento de un sinfín de tumbas y fosas comunes.

«Cargábamos diariamente con una cuarentena de cadáveres que hallábamos en diversas fosas. Pero mis hijos no están. A mi familia no la encuentro», afirma.

EL SILENCIO DE LOS VECINOS

Presionó a un vecino serbio a que le dijera la verdad sobre su familia, y este le confesó que fueron asesinados. Sin embargo, nadie quiso o pudo decirle dónde se encuentran los restos mortales.

«Las instituciones estatales no hacen su trabajo, ya que ellas mismas deberían presionar a esa gente, para que digan qué pasó y si fueron asesinados, dónde están los cadáveres», considera Bacic.

Prijedor se encuentra ahora en la República Srpska, uno de los dos entes de Bosnia-Herzegovina, formación establecida en la guerra y reconocida en los acuerdos de paz de Dayton (1995).

Aunque no hubo conflictos armados en la región de Prijedor, entre mayo y septiembre de 1992, los milicianos serbobosnios asesinaron en la zona a 3176 civiles musulmanes y croatas bosnios, mientras más de 30.000 fueron encerrados en los campos de concentración de Omarska, Keraterm y Manjaca, luego disueltos por la presión internacional.

Los restos mortales de las víctimas han sido hallados en 98 fosas comunes. El Tribunal Penal internacional de La Haya para crímenes de guerra en la ex Yugoslavia (TPIY) condenó por esos crímenes a 37 personas a penas de un total de 617 años de prisión.

En 2014, las autoridades bosnias detuvieron a 13 soldados del Ejército serbobosnio, considerados responsables del asesinato de 29 mujeres y niños en la aldea de Zecovi.

Sin embargo, los acusados y testigos en el juicio, que todavía está en curso, tampoco han revelado por ahora el lugar en que se encuentran los restos mortales de las víctimas.

DECENAS DE FOSAS COMUNES

Gracias a la tenaz búsqueda de casi tres décadas de Fikret Bacic, en esta región se han descubierto decenas de fosas comunes. La mayor es la de Tomasica, de la que han sido exhumados 435 restos mortales.

La mayoría de las veces tenía que pagar dinero a vecinos serbios bosnios para conseguir información.

«¿Cómo piensa usted que se ha descubierto Tomasica? Nosotros, los familiares de las víctimas de Prijedor, recolectamos dinero, pagamos las informaciones y financiamos la investigación de la localidad hasta que llegamos a los cadáveres. Recién entonces se apuntó el Estado», relata Bacic.

A pesar de todas las dificultades, peligros y obstáculos por los que ha pasado, Fikret no ha perdido la esperanza ni la voluntad de encontrar a sus hijos.

«Encontraré a mis hijos. No pierdo la esperanza. Mientras pueda caminar, los seguiré buscando», asegura este bosnio de 60 años.

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