El hincha brasileño con la bicicleta más grande y la más pequeña del mundo

El brasileño Elías de Souza Aguiar es un aficionado al fútbol que ha asistido con la que él llama «la bicicleta más grande del mundo» a todos las Copas del Mundo desde 1986, con la excepción del torneo disputado en 2002.

«A los 18 años inventé esta bicicleta de tres metros de alto y me fui pedaleando desde Brasil hasta el Mundial de México 86″, comentó Souza.

Ese recorrido de más de dos mil kilómetros sólo fue el comienzo de una aventura que se ha repetido desde entonces cada cuatro años (Italia 1990, EEUU 94, Francia 98, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018).

La bicicleta, que tiene tres ruedas y dos sillines, es un desafío a la ingeniería, pero sus dos usuarios se desplazan en ella con increíble destreza para estar a tres metros del suelo.

Sus peripecias con «la bicicleta más grande» no terminan ahí, ya que, según relata, un incidente con su medio de locomoción le dio la felicidad.

«En México subí a una mujer en mi bicicleta, un coche nos atropelló y ella se rompió un pie, así que tuve que cuidar de ella por dos semanas, me enamoré de ella y como recompensa me casé con ella», contó.

Añadió que «no fue amor a primera vista, sino amor a la primera caída«.

«La mexicana y yo estuvimos recorriendo Europa, asistimos al Mundial de Europa donde fabricamos un niño. Éste niño que está aquí conmigo», explicó, señalando a su hijo presente.

Su hijo, que también se llama Elías, le acompañó desde los 3 años a todos los torneos mundialistas desde 1994, con la salvedad del de Corea y Japón.

«En total, he recorrido más de cincuenta países en esta bicicleta. Como hay que cruzar el océano para llegar a Rusia, para no ahogarme, cogimos un avión en Sao Paulo hasta Rostov», precisó con la más absoluta seriedad.

No sólo tiene la bicicleta «más grande», sino también la más pequeña, también un producto de la imaginación desbordante de este brasileño de 52 años.

«Abre esa mochila y encontrarás a la hija de la bici grande», señala.

En efecto, se trata de una bici en la que el manillar se levanta apenas 30 centímetros del suelo y que sólo una persona con cuerpo de contorsionista puede montar.

Souza hizo una demostración para deleite de los transeúntes, que no cabían en sí de gozo.

No tiene entrada, aunque no por falta de insistencia, ya que le pide una a todo el que se encuentra.

«Si tienes una, te la pago», apunta ataviado con una camiseta de la Canarinha

En caso de no lograr acceder al estadio en los partidos de Brasil se dedica a dar vueltas junto a su hijo en torno a los recintos deportivos.