Un británico, a punto de morir por comerse las uñas

"Me dijeron que tenía suerte de estar vivo", recuerda, ya recuperado tras cinco días ingresado en observación a causa de una infección por morderse las uñas

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Comerse las uñas es una práctica peor de lo que parece, ya que puede conllevar nefastas consecuencias.

Seguro que habrá perdido la costumbre Luke Hanoman, un joven británico que acudió al hospital por lo que creía era una gripe, pero allí se enteró de que había jugado con la muerte.

Hanoman no sabía que esta actividad pudiese ser tan perjudicial, simplemente lo consideraba un hábito que le ayudaba a calmar los nervios y superar el estrés. Sin embargo, comenzó a sufrir sudores fríos, fiebre y temblores.

Preocupado, acudió al hospital, donde los médicos, tras examinarlo a conciencia, llegaron a una inquietante conclusión: el chico estaba al borde de un shock séptico.

«Me dijeron que tenía suerte de estar vivo», recuerda Hanoman, ya recuperado tras cinco días ingresado en la sala de observación de un hospital.

El hábito de morderse las uñas suele responder a razones emocionales. Mucha gente se muerde las uñas casi sin darse cuenta bajo condiciones de estrés, tensión y ansiedad. Algunos estudios científicos relacionan también este tipo de conducta compulsiva con una deficiencia vitamínica.

Pero cuando nos mordemos las uñas, las consecuencias no son sólo estéticas sino que también pueden producirse problemas a nivel de las cutículas lastimadas, causando dolor y lastimaduras. Además, en esas heridas pueden alojarse microbios y bacterias que frecuentemente producen infecciones e inflamaciones.

Otra consecuencia negativa del hábito de morderse las uñas es el sufrir parásitos intestinales al ingerir microbios alojados bajo la superficie de las uñas.

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