Buenas noticias personales en un año pandémico: crónicas humanas

2020 también será recordado con una sonrisa por aquellos que, a pesar de todo, han celebrado buenas noticias personales entre amargos telediarios

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Una mujer embarazada

El 2020 pasará a la historia como un año negro en lo sanitario, social, económico y moral por la pandemia del coronavirus, pero también será recordado con una sonrisa por aquellos que, a pesar de todo, han celebrado buenas noticias personales entre amargos telediarios.

Aunque la vida se ha parado y, en demasiados casos, se ha apagado dolorosamente, en 2020 no han dejado de ver la luz nuevas esperanzas para dar aliento al mundo.

A pesar de la crisis económica y la destrucción de empleo, algunos afortunados recordarán este año como aquel en el que progresaron laboralmente o iniciaron nuevos proyectos.

Mientras el mundo ha dejado de celebrar eventos, hay quienes contarán los aniversarios de su «sí, quiero» a partir de la covid-19, y otros recordarán este año como aquel en que han superado, o han comenzado a hacerlo, otras enfermedades.

EL NACIMIENTO DE UN HIJO

La estrella de Rocío se llama Gonzalo, pesó 3,54 kilos y nació en el madrileño hospital San Francisco de Asís en mitad de la pandemia, tras un embarazo «diferente, y no por ello, menos especial».

El confinamiento permitió a Rocío disfrutar «de lleno» los últimos meses de gestación en casa con su marido y su hija, que cumplió 3 años en el encierro, y compartirlo también con el vecindario gracias a los aplausos de las ocho de la tarde.

Presentó a Gonzalo desde la ventana «como si fuera la escena inicial de ‘El rey león'».

Cuando su hijo crezca, le contará que nació en un momento en el que no estaban permitidas las visitas al hospital, aunque sintió la cercanía de los suyos en el chat familiar, o cómo fue la experiencia de dar a luz con mascarilla. «Tampoco fue tan malo, ¡al menos no se veían las caras que estaba poniendo!», bromea.

Todo el mundo, dice, se emocionó al mandarles la foto del bebé, deseosos de «acontecimientos así»: «Me sentí muy afortunada de poder dar buenas noticias a la gente en tiempos de pandemia, un motivo de alegría y esperanza».

AVANCES LABORALES

También ha tenido motivos de alegría María, que comenzó el año trabajando en el departamento de «marketing» de una agencia de publicidad, un ámbito agraciado a raíz del confinamiento para ayudar en la digitalización de empresas.

Profesionales como ella comenzaron a ser «más demandados», y en mayo María cambió de trabajo «para mejor» y empezó «en la digitalización en un despacho de abogados».

Además de esta mejora laboral, ha aprovechado la tesitura para materializar algo que llevaba tiempo rumiando: «montar algo» por su cuenta.

El resultado es Papel Papaya, una tienda «online» en la que aúna dos de sus pasiones, el «lettering», «hacer diseños de caligrafía con diferentes tipos de letra y con unos rotuladores especiales», y el «bullet journal», «un método de organización en el que se usa un cuaderno a modo de agenda».

La idea surgió porque durante el confinamiento la gente comenzó a «dar importancia a actividades artísticas» o retomó «‘hobbies’ que tenían olvidados por falta de tiempo», y constató que «prácticamente todos los materiales de pintura o papelería estaban agotados en todas las tiendas».

Ahora, compagina los dos trabajos en este año que, para ella, «no ha sido tan malo» en lo profesional.

BODA EN PLENA PANDEMIA

Dani «siempre» recordará con una «sonrisa» este año, «pese a su extrema crudeza y a la incertidumbre» a nivel mundial, porque ha trabajado haciendo dos vídeos para el grupo británico Gorillaz y le han contratado en una productora irlandesa para hacer una película de animación.

«Y lo más importante de todo», dice Dani, «me he casado con la mujer que amo», tras haber estado confinada «durante varios meses» y «muy lejos de casa» -en Sri Lanka- al estar de prácticas humanitarias.

«Conseguimos volver a estar juntos el pasado julio y decidimos no volver a separarnos», cuenta.

Formalizaron su unión con «poquita gente, el núcleo familiar» y algunos allegados, en una pequeña urbanización de Toledo.

A pesar de la «emoción» de poder darse el «sí, quiero» en la pandemia, reconoce que echaron de menos «a mucha gente», aunque tienen intención de hacer «una nueva celebración postcovid en uno o dos años» para invitar a toda la gente que no pudo asistir.

UNA OPERACIÓN DE CÁNCER SUPERADA

Ana Aldea resume en Twitter su 2020: «Ha sido el año que: superé un cáncer de riñón; sólo me rompí cuatro dedos en un accidente de moto; mi padre sobrevivió a 35 días intubado en una UCI; más tiempo he pasado con mi familia; mi empresa siguió creciendo sin ERTEs, ni despedir a nadie. ¿Cómo no va a ser un año feliz?».

Fuera de la red social, cuenta a Efe que supo «accidentalmente» que tenía cáncer de riñón por una ecografía en 2019.

Así, empezó 2020 en un quirófano, «con bata» y con una operación que le hicieron en el hospital Clínico de Madrid «unos médicos increíbles de la sanidad pública» que le quitaron un «trocito» de riñón y le extirparon el tumor.

Más tarde no ha tenido «ni quimio, ni radio», aunque con la pandemia le retrasaron un mes el primer reconocimiento, que llegó en julio.

«Estaba todo bien. Ahora estoy esperando mi siguiente cita que es en enero. Tendré citas cada seis meses para controlar que todo está bien durante dos años y después de dos años tengo el mismo riesgo que cualquier persona de tener cáncer», relata Ana, agradecida pese a todo por este 2020. EFE

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