Burdeos lleva a escena el Réquiem de Mozart con cajas de vino como féretros

El director de orquesta español Roberto González-Monjas se pone al frente de la Orquesta de la Ópera de Burdeos en una nueva versión escenificada del Réquiem de Mozart, la primera obra creada en Francia con materiales reciclados y con cajas de vino transformadas en ataúdes

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El director de orquesta español Roberto González-Monjas se pone al frente de la Orquesta de la Ópera de Burdeos. | EFE

María D. Valderrama. EFE | El director de orquesta español Roberto González-Monjas se pone al frente de la Orquesta de la Ópera de Burdeos en una nueva versión escenificada del Réquiem de Mozart, la primera obra creada en Francia con materiales reciclados y con cajas de vino transformadas en ataúdes.

“Estamos en un momento en el que empieza a haber una tolerancia mayor para añadir una perspectiva diferente a los grandes hitos de la música clásica. Damos al público la posibilidad de verlas de otra manera, obligándole a salir de su zona de confort y encontrar nuevos significados”, comenta el vallisoletano, de 34 años, antes del estreno, el próximo 20 de enero.

Una versión con una puesta en escena dirigida por el director del Teatro Odeón de París, Stéphane Braunschweig, que tiene la particularidad de ser además la primera pieza creada en un teatro nacional con la etiqueta “Zéro achat” (cero compras), es decir, concebida a partir de materiales reciclados.

Tanto es así que la Ópera ha encargado a una empresa local que produce cajas para transportar el vino de Burdeos realizar una serie de féretros, que tienen un papel central en el espectáculo.

“En este momento de crisis energética y tensiones entre las potencias, es muy importante simbólicamente entender que se puede hacer algo bonito, profundo y elegante sin necesidad de gastar cientos de miles de euros”, opina el artista, que dirigirá a los músicos de esta obra del 20 al 28 de enero.

Para el director de orquesta, esta propuesta puede abrir un nuevo camino y transmitir un mensaje de austeridad en un momento en el que un espectáculo como la ópera o los conciertos podrían ser vistos por muchos como elitistas.

A sus 34 años, González-Monjas, que fue nombrado en septiembre director de la Orquesta Sinfónica de Galicia, comparte con Mozart una cierta precocidad.

Empezó con el violín a los cuatro años, cuando dijo a su madre, psicóloga infantil habituada a poner música para estimular a los niños, que quería tocar ese instrumento. La dirección de orquestas vino más tarde y ahora ocupa, asegura, la mayor parte de su trabajo.

«El talento está ahí para abrirte algunas puertas; la suerte, para abrirte muchas puertas, pero el trabajo está ahí para suplir el resto. Por muchos dones que me haya dado la naturaleza nunca vivo de las rentas, siempre invierto en trabajar y estar bien preparado», defiende.

CONFUNDADOR DE LA ORQUESTA IBERACADEMY

Cofundador junto a su colega Alejandro Posada del programa Iberacademy, reconocido por ser una plataforma de proyección internacional de cientos de jóvenes de Colombia y Latinoamérica, el músico confiesa que uno de los grandes desafíos de su carrera es adaptarse a contextos que cambian continuamente.

“Ahora estoy dos semanas aquí, la siguiente estaré haciendo otro programa en otro país y la siguiente otro diferente. Es un arma de doble filo porque te ayuda a mantenerte fresco con nuevos retos pero, por respeto a la música, tengo que ser disciplinado”, destaca.

Deporte y una buena alimentación son los secretos de esta joven promesa de la música española, que dirige además la Dalasinfoniettan en Suecia, es Artista en Residencia de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, entre otras, y es invitado a menudo a dirigir orquestas de medio mundo, entre ellas la de Burdeos, una “casa amiga” de la que alaba la calidez y el entendimiento de su público.

“Braunschweig no se ha inventado nada para esta versión. Él escucha la música e intenta hacer una reflexión sobre lo que significa el Réquiem, a mí me está dando otra perspectiva, y mira que la conozco bien”, comenta.

Una obra de una profunda tristeza con la que Mozart se liberó de muchos de los complejos y ataduras que habían marcado su corta vida, pues murió con 35 años.

“Es una música sin piel ni músculos, es hueso puro, por eso nos llega a todos al corazón. Eso sí, por mucha historia que haya, no era un réquiem para sí mismo, eso se lo inventó su mujer… por el marketing”, ironiza el entendido, que recuerda que inventar leyendas y mitos ya era costumbre entre los artistas de la época.