Cumple 106 años tras sufrir la polio de joven y esquivar la covid de mayor

Francesc Castanyer i Figueras tendrá este viernes dos pequeñas fiestas de aniversario en la residencia Augusta Park de Barcelona, donde vive desde hace casi 30 años: una con los internos y otra con la familia, con quienes celebrará sus 106 años

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Francesc Castanyer i Figueras tendrá este viernes dos pequeñas fiestas de aniversario en la residencia Augusta Park de Barcelona, donde vive desde hace casi 30 años: una con los internos y otra con la familia, con quienes celebrará sus 106 años, que lo convierten en una de las personas más longevas de Cataluña, después de superar la polio de joven y de esquivar todas las olas de la covid.

Francesc Castanyer nació en Girona en 1916 y estudió Ingeniería industrial en la Escuela de Ingeniería de Barcelona, tuvo sus primeros trabajos como especialista en la construcción de aprovechamientos hidroeléctricos en el Vall d’Aran, hasta que se trasladó a Madrid y Barcelona, donde trabajó en una consultoría.

Castanyer tiene cuatro hijos -dos hombres y dos mujeres- cinco nietos y siete bisnietos, aunque hoy solo podrán acercarse a felicitarle dos de sus hijos, por culpa de las restricciones de la covid y para no agobiarle con demasiados agasajos.

Uno de sus cuatro hijos, Francesc, al que llaman ‘Fran’ para distinguirle del padre, ha explicado a Efe que el secreto de la longevidad de su padre «es que siempre ha buscado el lado bueno de las cosas, ha mantenido siempre el buen humor, su tremenda tenacidad, y no ha fumado ni bebido nunca».

De hecho, el anciano, que sufrió la polio de joven y tuvo que pasar por varias intervenciones quirúrgicas para recuperar una parte de la afectación de la enfermedad en una pierna, con una secuela de cojera permanente, escribió una pequeña biografía que tituló: «Cómo un infortunio puede resultar una bendición».

«Él siempre ha dicho que le debe a la polio muchas de las cosas buenas que le han pasado en la vida, entre ellas conocer a mi madre», recuerda Fran, que subraya que «cuando le recomendaron reposo, leyó muchísimo y se esforzó mucho para que la polio no le limitara».

Gracias a la polio, conoció a la que fue su esposa y madre de sus hijos, Carme Vila, que falleció hace más de dos décadas y que era enfermera en el Hospital Militar de Barcelona, donde se enamoró de ella cuando le ingresaron.

«Es un gran amante de la lectura, y aún lee con ayuda de una lupa digital, porque además de padecer sordera empieza a fallarle la vista, pero de la cabeza está muy bien, sabe todo lo que pasa y está al día de todo. Es un devorador de libros y tenía la casa llena de libros», explica su hijo.

De hecho, recuerda que cuando él mismo decidió quedarse a vivir en esta residencia de ancianos y vender su piso, lo que más le preocupó es qué pasaría con su biblioteca, así que decidió donar una parte de la colección de sus libros a la Universidad Politécnica de Cataluña y otra a la Universidad de Girona, el resto viajó con él a la biblioteca de la residencia donde vive.

En la década de los 90, Castanyer fue coeditor de las revistas Carrollita(sobre Matemáticas Recreativas y Lingüística), de BOFCI (boletín de la Facultad de Ciencias Inútiles) y de Semagemes.

También tenía una importante colección de rompecabezas tridimensionales que donó al Museo del Juguete de Figueres (Girona), que los expone en la «vitrina Castanyer».

Amigo del lingüista Màrius Serra, Castanyer también cultivó la afición a los palíndromos, y ha desarrollado una metodología mediante el juego del ‘Tangram’ para estimular el cerebro de las personas afectadas de alzheimer o parkinson.

ESTUDIAR A LOS 90

Cuando cumplió 90 años se matriculó en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) para estudiar neurociencias «porque siempre le ha interesado mucho conocer cómo son los procesos neuronales de aprendizaje».

«Recuerdo que cuando en los formularios de la UOC introducía su edad o su año de nacimiento le aparecía ‘parámetro no válido’ y muchos alumnos, 60 años más jóvenes, venían a la residencia a reunirse con él para hacer los trabajos conjuntos o charlar», rememora su hijo.

Tras varios cursos decidió dejar el grado, porque, argumentó, «ya soy mayor para andar corriendo a entregar los trabajos dentro de los plazos requeridos, ya no tengo edad para correr».

Castanyer, que siempre dijo que cuando fuera mayor quería ir «a una residencia de jóvenes y no a una ancianos, que son muy aburridos», es una institución en la residencia Augusta Park, donde hasta ahora colaboraba en organizar todo tipo de actividades para los residentes y aún despacha su correo electrónico -desde hace poco con algo de ayuda- en el ordenador portátil que tiene en su habitación.

Hoy solo Fran, que ya tiene 76 años, y una de sus hermanas acudirán a celebrar con su padre su 106 cumpleaños -los otros hermanos viven en Madrid-, después de dos años en los que ha superado las sucesivas olas de covid.

«No ha pasado la covid, y la verdad es que confinado no lo ha pasado muy bien porque hubo incluso una temporada en que no podía salir de su habitación prácticamente», reconoce su hijo, orgulloso de un padre con tanta curiosidad por el mundo y amante de la vida, aunque ahora, a veces, admite, «se le hace largo el camino». EFE

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