‘Dog Biscuits’, el cómic salvaje y libre que superó la censura de Instagram

La historietista estadounidense Alex Graham creó estas viñetas en las que todo transcurre mientras el coronavirus hace estragos

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Portada del cómic facilitada por la editorial Fulgencio Pimentel (EFE).

Pilar Martín (EFE) | La historietista estadounidense Alex Graham tiene una imagen casi angelical, pero durante el verano de 2020 la pandemia hizo que se quedara sin trabajo y comenzara a publicar en Instagram las viñetas que se han convertido en el cómic «Dog Biscuits», una obra salvaje llena de sexo, drogas y corrupción policial.

Graham mira por la venta de La Casa Encendida asombrada por el color sepia que Madrid tiene hoy debido a la calima, una cara de casi incredulidad porque esta joven de Colorado (Estados Unidos), afincada en Seattle, nunca ha asistido a este episodio meteorológico.

Pero lo que sí ha vivido con el resto del mundo es la pandemia, esta realidad que a ella le sirvió para ponerse a crear estas viñetas en las que todo transcurre mientras el coronavirus hace estragos.

«Yo estaba trabajando en un restaurante, pero cuando comenzó la pandemia nos fuimos a casa, así que me tiré mucho tiempo viendo la televisión y no haciendo nada. Pero un día empecé a escribir las viñetas de esta historia, empecé a reflexionar sobre lo que pasaba a mi alrededor y en el mundo. Lo empecé a hacer para divertirme», cuenta a Efe durante la promoción de este cómic de casi 400 páginas publicado por la editorial Fulgencio Pimentel y ganadora del Puchi Award 2021.

Aunque esta diversión personal pronto se convirtió también en la de todos los que seguían su cuenta de Instagram, donde cada día colgaba un nuevo extracto de esta historia protagonizada por Gussy, un personaje antropomórfico que lucha por mantener a flote su boutique de galletas para perros mientras una pandemia hace estragos y mientras lidia con los sentimientos que surgen hacia su empleada, Rosie, con la que acaba teniendo una relación que hará subir el tono de las viñetas.

Una pareja a la que se suma toda una galería de personajes que viven casi al límite, como Hissy, el compañero de piso de Rosie, que completa este triángulo que, mascarilla mediante, vive en un entorno de brutalidad policial, protestas, drogas, aplicaciones de citas y caos covid.

Una historia original que mama del underground estadounidense, sobre todo el que representa Robert Crumb, y que fue aumentando en intensidad gracias a la observación de Graham sobre lo que ocurría en Seattle.

«Cuando lo estaba haciendo en Seattle había muchas protestas y los policías atacaban a los manifestantes con gas pimienta. Al principio la historia solo contaba lo que salía de mi mente, pero después fue metiendo el ambiente que se respiraba en la ciudad», reconoce.

Pero no fueron estas viñetas las que despertaron las críticas de sus seguidores en redes sociales, sino las de sexo, las que protagonizan Gussy y Rosie, donde enmarca otro de los asuntos que aborda en «Dog Biscuits», el conflicto generacional que nace de una pareja en la que hay más de 20 años de diferencia de edad. Viñetas éstas sin tapujos y directas que en algunos casos tuvo que «autocensurar» Graham ante el ataque de algunos de los que la leían.

«Pero en mi web estaba todo el material original, y también en la edición en papel», avisa la ganadora también del premio Cartoonist Studio Prize en la categoría de Webcómic del año y nominada a los Ignatz en la de Mejor novela gráfica.

Con críticas también hacia Donald Trump, el uso de la violencia por parte de la policía, y otras medidas tomadas por el gobierno, la autora además muestra con el personaje de Rosie una imagen de mujer libre y liberada, a la vez de ser el personaje en el que vuelca las mayores reflexiones.

Creado con una lista musical con gran presencia de la obra de Phil Collins, confiesa, «Dog Biscuits» (Galletas de perro), coeditada por Fulgencio Pimentel junto a La Casa Encendida, fue elegida como ganadora del Puchi Award 2021 entre los 1.100 proyectos que recibió esta convocatoria cuyo jurado ha estado formado por el poeta Ezequiel Zaidenwerg, la escritora Ana Llurba y los editores Carlos Copertone (Caniche Editorial) y César Sánchez (Fulgencio Pimentel).

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