El cementerio de los ingleses

Faltan alfareros

Vienes del bar quejándote de que no quedan camareros buenos, que has esperado diez minutos por una cerveza en una terraza llena de gente donde sólo había uno

Publicado: 07/04/2024 ·
19:59
· Actualizado: 07/04/2024 · 19:59
Autor

John Sullivan

John Sullivan es escritor, nacido en San Fernando. Debuta en 2021 con su primer libro, ‘Nombres de Mujer’

El cementerio de los ingleses

El autor mira a la realidad de frente para comprenderla y proponer un debate moderado

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Te quejas de que los niños de hoy día están atontados con tanta pantalla, móvil, tablet, consola... Pero a la hora de la siesta agradeces el cartel de tu plazoleta que reza “prohibido jugar a la pelota”. Riñes a tu hijo por decir palabras malsonantes, pero el domingo lo llevas al estadio para que vea los sapos y culebras que sueltas por la boca. Dices que no quieres educación sexual en los colegios, pero maldices en arameo cuando tu hijo o tu hija te anuncian un nieto no deseado. Como se suele decir, eres tonto y en tu casa no hay botijo.

Vienes del bar quejándote de que no quedan camareros buenos, que has esperado diez minutos por una cerveza en una terraza llena de gente donde sólo había un camarero. Te parece que los inmigrantes quitan trabajo a los españoles, aunque vivan hacinados en infraviviendas y cobrando sueldos miserables por jornadas eternas. Luego, te contradices reconociendo que con lo que cobran es normal que los trabajadores patrios se dediquen a otra cosa o que emigren a buscar mejores oportunidades. Eso sí, también dices que este discurso es un ataque a los empresarios. Lo dicho, eres tonto y en tu casa no hay botijo.

Estás enfadadísimo porque te han dado cita dentro de tres meses para ver al traumatólogo. ¡Qué mal está la Sanidad pública! Para colmo, te hace falta un empaste que no puedes pagar y llevas tres años con las mismas gafas. Para rematar, estalla una pandemia mundial y la compañía privada con la que tienes un seguro de cincuenta euros al mes te cobra el PCR a precio de barril Brent. Y eso antes de que te manden una carta donde te dan de baja porque te han diagnosticado una enfermedad grave. Sin embargo, cuando acudes a las urnas, otorgas tu voto a quienes privatizan la Sanidad, despiden o no contratan sanitarios y dejan los recursos para hacer pruebas a expensas de la generosidad de algún empresario rico. Eres tonto y en tu casa no hay botijo.

Ya que nombramos la pandemia, escuchas a un grupo de frikis llamado Médicos por la Verdad, usando las sandeces que dicen para contradecir a los médicos de verdad. Te niegas a ponerte la mascarilla, diciendo que pretende ser una mordaza o un bozal (como si no se pudiera hablar con ella puesta), te niegas a la distancia social y te has tragado todos los bulos sobre las vacunas, la repentinitis o los microchips de Bill Gates. Como si no estuvieras ya bastante controlado con el mismo móvil donde lees esas tonterías. Luego, cuando pillas el virus y el test del que tanto renegabas da positivo, corres al hospital. Si es que eres tonto y en tu casa no hay botijo.

Para colmo, viene una señora cuyo único mérito laboral es haber sido Community Manager de un perro y que, por una serie de carambolas que dieron con Ignacio González en prisión y Cristina Cifuentes dimitida, acaba de presidenta autonómica en Madrid. Te habla de meritocracia, de que no te va mejor porque no te esfuerzas y no te formas lo suficiente. Te llama vago y tonto en la cara mientras compras su discurso. Sí, eres tonto y en tu casa no hay botijo.

Y, al final, llego a la conclusión de que en nuestro país hacen falta más alfareros. Más que nada, para no decir que en este país sobran tontos y mejor afirmar que faltan botijos.

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