El Jueves

Temporada alta

Seamos embajadores de nuestra ciudad en nuestra propia ciudad. Sólo así podremos alcanzar unos altos niveles de satisfacción de aquellos que nos visitan. Si cuentan a su vuelta estas bondades de la ciudad, será la mejor publicidad que tengamos.

Ayer comenzó un tiempo nuevo en cuanto al orden litúrgico se refiere. Un tiempo que nos irá, poco a poco, aproximando a la primera gran fiesta de la ciudad. En tan sólo cuarenta hojas arrancadas del almanaque mal contadas, porque ya hemos quitado una, habrá pasos y nazarenos en las calles. La ciudad se vestirá de fiesta para una nueva Semana Santa que, si el tiempo no lo impide, llenará los barrios y el centro de la ciudad de una actividad inusitada en determinadas franjas horarias de cada día.

También, durante este tiempo de proximidad a la festividad religiosa por antonomasia, se sucederán numerosas actividades en el seno de las hermandades y cofradías, en su mayoría abiertas al público, y que conforman toda esa liturgia no escrita de la cercanía de los días. La primavera, esa tan cantada por poetas y pregoneros de la cosa semanasantera, comenzará a instalarse en las calles, en las iglesias y en los sentidos.

La Semana Santa viene a ser, de nuevo, una oportunidad única en la economía de la ciudad. Con toda probabilidad -ojalá no me equivoque- se producirán afortunadas contrataciones de personal en distintos sectores de la población, especialmente en la hotelería y la hostelería, ante la previsible llegada de turistas y no sólo en los siete días de la Semana Santa, sino durante el periodo en el cual, en términos turísticos, se denomina la temporada alta, que como ustedes bien saben -y si no lo saben yo se lo cuento- en Sevilla es ésta en la que estamos entrando y no, como erróneamente muchos piensan, en el verano.

Todos tenemos que poner de nuestra parte para que esto suceda. No sólo los hoteles, bares y restaurante de la ciudad deben moderar los precios (el sablazo es peligroso) y prestar un servicio adecuado ni tampoco es responsabilidad exclusiva de las autoridades competentes en materia turística la adecuada promoción de la ciudad en el origen, que ya debe haberse hecho, sino que también todos y cada uno de nosotros somos partícipes de esta primera industria de la ciudad, que bien cuidada reparte beneficios a muchos.

Mantengamos a la ciudad limpia. Denunciemos -canales hay para ello- los abusos. Seamos amables con quienes nos visitan. Mostremos nuestra mejor sonrisa. Seamos, en suma, embajadores de nuestra ciudad en nuestra propia ciudad. Sólo así podremos alcanzar unos altos niveles de satisfacción de aquellos que nos visitan. Si cuentan a su vuelta estas bondades de la ciudad, será la mejor publicidad que tengamos.

Háganme caso. Salimos ganando todos.

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