Estas son las consecuencias de beber alcohol en la adolescencia cuando eres un adulto

Ingerir alcohol en la adolescencia se relaciona con la aparición de trastornos como la ansiedad y la depresión

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Restos de un botellón

Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) han determinado en un ensayo en ratas jóvenes que el consumo de alcohol en la adolescencia afecta a sistemas de señalización en determinadas regiones del cerebro y altera la respuesta emocional en la edad adulta.

En concreto, el consumo voluntario de alcohol durante la adolescencia afecta la expresión del sistema endocannabinoide principalmente en dos regiones cerebrales –el hipocampo y la corteza cerebral– que se asocian con el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones, según ha informado este lunes la Fundación Descubre en un comunicado.

Estas zonas cerebrales resultan clave en el desarrollo de la adicción por formar parte del principal circuito de recompensa y la alteración de este sistema en estos puntos concretos podría estar relacionada con la aparición de signos de ansiedad y el estado emocional negativo producido por la abstinencia.

Los investigadores del IBIMA, que han desarrollado el estudio en colaboración con el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, indican que esta ingesta temprana de alcohol también produce alteraciones más a largo plazo en las respuestas emocionales inespecíficas en edad adulta.

El objetivo de esta investigación básica se ha centrado en definir la influencia de la ingesta de etanol en una etapa temprana, como es la adolescencia, sobre la respuesta cerebral a nivel emocional en edad adulta y que se relaciona con la aparición de trastornos como la ansiedad y la depresión.

Para ello, los expertos han caracterizado la expresión genética del sistema endocannabinoide en ratas adultas expuestas a alcohol durante la adolescencia y han definido marcadores inflamatorios que evidencian el consumo de etanol.

Los expertos se han centrado en la adolescencia porque «la capacidad de decisión y control de los actos suele ser más vulnerable y porque aún hay órganos del cuerpo, como el cerebro, en fase de maduración que son especialmente susceptibles a las acciones de sustancias de abuso como el alcohol y la forma de consumirlo», ha señalado la investigadora del IBIMA Antonia Serrano, autora del estudio.

Explica que el patrón de consumo más habitual entre jóvenes y adolescentes suele ser de borrachera o atracón, lo que «se ha vinculado con la aparición de alteraciones emocionales y déficit cognitivo en etapas posteriores».

En el laboratorio, los investigadores trabajaron con dos grupos de ratas de entre 21 a 50 días de vida, que equivale a la etapa adolescente en estos animales; uno dispuso en todo momento de alcohol y agua, mientras que el otro grupo solo disponía de agua.

Para realizar el experimento, las botellas se mantuvieron cuatro días por semana durante un mes y tras este periodo, al grupo que disponía de alcohol y agua en la jaula se le sustituyó la botella de alcohol por otra de agua.

«La fase de abstinencia se inicia en el momento que se le retira la botella de alcohol a los animales», y se caracteriza por «un estado afectivo negativo, mostrando ansiedad, estrés e incluso depresión», ha afirmado Serrano.

Las evaluaciones realizadas indican que a las dos semanas de haber interrumpido el consumo de alcohol, no se observaron síntomas físicos, pero sí alteraciones a nivel emocional.

Además, los expertos realizaron un estudio postmortem a las ratas en edad adulta, en el que extrajeron partes del cerebro que forman parte del circuito cerebral de recompensa y analizaron el plasma sanguíneo para medir los niveles de endocannabinoides circulantes que ayudan como marcadores de lo que sucede en el cerebro y en aquellas que habían consumido alcohol observaron cambios.

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