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Cómo la Iglesia católica medieval influye en nuestra cultura occidental actual

La influencia de la Iglesia católica occidental sobre el matrimonio y las estructuras familiares durante la Edad Media dio forma a la evolución cultural de creencias y comportamientos que son actualmente comunes entre los europeos occidentales y sus descendientes culturales, según una nueva investigación que publica la revista ‘Science’.

Según los autores, las conductas de mayor individualismo, menor conformidad y mayor confianza hacia los extraños que se observan habitualmente entre estas poblaciones expuestas durante largo tiempo a la iglesia se deben, al menos en parte, a las políticas de la Iglesia medieval occidental.

Su estudio destaca cómo cambios culturales de hace más de 500 años pueden evolucionar y generar variaciones psicológicas significativas y duraderas, tanto en el seno de las naciones como fuera de sus fronteras.

«Arrojar luz sobre las formas en que varían las culturas, y sobre el porqué de las distintas maneras de evolucionar en función de distintas fuerzas socioambientales, puede ayudarnos a empatizar con quienes son diferentes», escribe Michele Gelfand, de la Universidad de Maryland, en un artículo de ‘Perspective’ relacionado.

Existe una variación sustancial en las creencias y comportamientos psicológicos de las poblaciones de todo el mundo. En especial, las tendencias de las personas en los países occidentales industrializados son únicas.

Investigaciones previas han demostrado que estas sociedades, más recientemente caracterizadas como occidentales, cultas, industrializadas, ricas y democráticas –es decir, WEIRD, acrónimo del inglés Western, Educated, Industrialized, Rich and Democratic y que se puede traducir como «raro»– tienden a ser más individualistas, más orientadas al análisis y más basadas en la confianza hacia los demás, al tiempo que presentan menor conformidad, obediencia y solidaridad.

No queda claro si el motor de estos rasgos han sido, por ejemplo, las instituciones políticas u otros factores. Jonathan Schultz, de la Universidad de Harvard, y sus colegas plantearon la hipótesis de que el concepto de matrimonio y familia de la Iglesia católica occidental disolvió las redes familiares fuertes y cohesionadas, con un posterior efecto sobre la psicología.

Para probarlo, los investigadores combinaron datos antropológicos, históricos y psicológicos. Por ejemplo, el análisis de los registros conservados por el Vaticano, que da cuenta de la tasa de matrimonios entre primos, los ayudó a evaluar la intensidad de las relaciones de parentesco.

A fin de capturar la psicología humana, recurrieron a un conjunto muy amplio de datos, entre ellos datos de encuestas, datos conductuales y datos observacionales ecológicamente relevantes, como la donación voluntaria de sangre.

El análisis del equipo apunta a que la expansión de los decretos religiosos matrimoniales de la Iglesia reemplazó sistemáticamente las redes familiares extensas basadas en el parentesco, dando lugar a hogares nucleares más pequeños e independientes, con lazos familiares débiles.

Para descartar hipótesis alternativas que podrían explicar sus resultados, aislaron variables entre las que se incluyen ingresos, patrimonio, educación y factores geográficos.