Imaginación contra los excrementos de perros en las calles

Apelando a la conciencia de los dueños, con multas cuantiosas o analizando el ADN, los ayuntamientos han comenzado la guerra contra los excrementos

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Uno de los carteles

Fermín Cabanillas | Apelando a la conciencia de los dueños, con multas cuantiosas o analizando el ADN, los ayuntamientos han comenzado la guerra contra los excrementos de perros en sus calles, y están dispuestos a ganarla, aunque sea, como en Sevilla, utilizando mensajes de Whatsapp.

Y es que cualquier método es bueno para conseguir terminar con la imagen de excrementos de animales por las calles, pero sobre todo se quiere trabajar en la prevención, más que en la limpieza, por lo que los consistorios intentan aguzar el ingenio a la hora de conseguir que los excrementos no se queden en las calles, más que localizar a los propietarios de los animales para sancionarles.

De ahí medidas como la puesta en marcha en algunas calles de Sevilla capital, como en el barrio de Los Remedios, en Fernando IV, donde el pavimento está pintado con la frase «Recoja la KK», muy cerca del Parque de los Príncipes, todo siempre con vistas a que la prevención gane a la limpieza.

Otros ayuntamientos le han echado imaginación en forma de cartel, como el también sevillano de Paradas, donde en barrios como Los Carrascales se aprecian mensajes como «Si mi perro lo hace por instinto, yo lo recojo por educación», junto a la imagen de un can haciendo sus necesidades tapado por una señal que lo prohíbe.

Pero si esto no funciona, hay que echar mano de la ciencia y las sanciones, como en Mairena del Aljarafe, donde se está elaborando un registro en el que se recogerá el ADN de los animales, normativa aprobada por el pleno del Ayuntamiento bajo la denominación de «Aprobación inicial de modificaciones en la Ordenanza Municipal de Tenencia de Animales de Compañía».

Con esta iniciativa se pondrá en marcha un censo canino basado en perfiles genéticos de ADN, que hará que se localice rápidamente a los dueños de los animales que se hayan mostrado incívicos en el sentido de recoger sus excrementos, con lo que, en este pueblo de 45.000 habitantes, se quiere mejorar la convivencia entre sus vecinos y los 9.000 animales censados legalmente.

La medida, de todas formas, no cuenta con un total apoyo vecinal, ya que algunos entienden que «pagan justos por pecadores» a la hora de perseguir estas acciones, ya que inscribir el ADN de los animales tiene un coste que es asumido por el propietario, aunque nunca haya dejado un excremento en el suelo sin recoger.

La medida la ha puesto en marcha también el Ayuntamiento onubense de Bonares, que se muestra «muy orgulloso de la aceptación que este tema ha tenido en el municipio, ya que por el momento son 180 extracciones las que se han realizado», y se confía en que aumente según van pasando los días.

Se trata, eso sí, de algo que levanta ampollas, aunque debería tener la teórica unanimidad de una sociedad que quiere ver a sus animales correteando por sus parques y estos a la vez limpios de excrementos.

En Lepe (Huelva), más de 13.000 de los casi 30.000 habitantes del pueblo forman parte de un grupo Leperos en Facebook en el que los debates sobre este tema suelen ser los más enconados, llegando incluso al insulto personal y a enfrentamientos dialécticos con cierta violencia entre los componentes de esta comunidad virtual.

Su administrador, Domingo Delgado, cree que se debe a «la continua falta de civismo existente en la sociedad actual, que se nota se ha llegado a un punto con situaciones extremas», con lo que se llega a la discusión extrema en lugar de buscar solución al problema de raíz.

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