Lápidas online en cementerios vacíos o la crisis del arte funerario

Hay quien piensa que los marmolistas forman parte de una profesión en crisis, pero los más optimistas confían en su adaptación a los nuevos tiempos

0
670

Alberto Borreguero (EFE) | Sólo las flores luchaban contra el abandono en los cementerios durante lo peor de la pandemia de la COVID-19, que ha dejado una cifra diaria de muertes superior a la de cualquier otro momento. Y aunque podría pensarse que esto beneficiaría al sector funerario, sobre los marmolistas se cierne también la sombra de la crisis.

Marmolistas consultados por Efe lo corroboran también con cifras. Así, algunas empresas han sufrido una drástica reducción de sus pedidos y de un media de 65 mensuales se ha pasado en estos meses a cuatro o cinco.

Y es que los familiares de las víctimas no podían acudir ni a las tiendas ni a los cementerios, donde se ofertan los elementos para que el recuerdo de un ser querido perdure en el tiempo.

Con la crisis del coronavirus, el sector de la decoración funeraria se ha visto paralizado por una pandemia que no entiende ni de luto ni de desconsuelo, aseguran los profesionales.

«La mayoría de los cementerios de España estaban cerrados y ni siquiera dejaban entrar a un solo operario para medir y colocar las lápidas», explica a Efe Francisco Javier Pardo, propietario de una empresa de arte funerarios de Alicante.

Pero es que además, como dicen desde la Asociación Española de Marmolistas Funerarios, ha habido falta de información y los mensajes han sido contradictorios.

«Al principio podíamos trabajar, después empezaron a cerrar los cementerios y luego a algunos se podía ir, pero no se permitía recoger las lápidas», recuerdan las fuentes.

ADAPTARSE AL MUNDO ONLINE

Con todas esas «trabas» a las que obligó el control del contagio de la COVID-19, el mundo online se abrió como una posibilidad real para tramitar las compras de lápidas y la elección de otros elementos del arte funerario.

Pero no resultó fácil. «No es lo mismo comprar online una camiseta o unos pantalones que una losa», resalta a Efe Noelia Abós, presidenta de la Asociación Española de Marmolistas y propietaria de Mármoles Artísticos de Aragón.

Una lápida es un objeto excepcional que intenta hacerse hueco entre las emociones del cliente, que tiene que tomar una decisión cuando aún está el dolor presente y siempre con la duda que plantea cómo rememorar a una persona querida a través de una imagen.

Durante el estado de alarma, los marmolistas enviaban fotos y vídeos a los clientes, pero «da igual lo que mandaras, porque no era suficiente», relata Noelia Abós. «Al final es un objeto diferente, al que no estamos acostumbrados y a la gente le gusta tocarlo, verlo in situ», añade.

Con el inicio de la desescalada, los representantes de esa asociación ven lo que queda de año con esperanza y con la vista puesta especialmente en el Día de Todos los Santos.

Además, estas primeras semanas de desescalada «están dejando mejores sensaciones respecto a otros tiempos de crisis», porque las personas que están encargando piezas de arte funerario no están mirando mucho el presupuesto, subrayan los consultados.

«Ayer vino un señor que dijo: ´mi padre ha muerto y voy a comprar lo que más me guste porque es lo último que puedo hacer por él y yo sé que le gustaría´», relata Abós.

Para ella, el comportamiento de los clientes es muy diferente a las anteriores crisis económicas, donde la gente solía pensar más en arreglar la lápida que ya tenían de otros allegados fallecidos o pedir presupuestos más asequibles por si no conservaban su puesto de trabajo.

MIRANDO AL FUTURO

No todos ven el futuro con la misma confianza. De entre los consultados hay quien piensa que los marmolistas forman parte de una profesión en crisis. Los más optimistas confían en su adaptación a los nuevos tiempos.

Las grandes piezas de arte funerario que poblaban los camposantos ya no son tan demandadas como antes. Ahora, las formas para recordar a los fallecidos se han multiplicado.

Por ejemplo, Mármoles Artísticos de Aragón cree que su «fuerza» está el diseño libre. Ellos recogen las ideas de los familiares, las ordenan y las plasman con la estética que creen más adecuada.

«Una vez vino una chica que buscaba algo especial. Hacía dos años que había enterrado a su bebé y no le había puesto una lápida porque no encontraba a nadie que le fabricase algo distinto», cuenta Abós.

La madre no quería que la hermana del bebé viera algo trágico en sus visitas al cementerio. «Al final le hicimos una lápida medio de cuento, con globos de colores y sus iniciales», explica la marmolista de Zaragoza.

Pese a todo, Francisco Javier Pardo, por su parte, cree que el sector está «en la UVI», lo que achaca, entre otras cosas, al auge de las incineraciones. Muchas veces, las cenizas son esparcidas en el campo o en el mar, y en el caso de que la familia decida que reposen en un lugar de culto, los nichos y las lápidas son muy pequeños y con poca ornamentación.

El empresario alicantino también culpa de la crisis del sector a la deshumanización de la muerte. «Se está perdiendo la tradición de ir al cementerio a poner una flor y recordar a un ser querido», explica Francisco.

Sí hay algo en lo que coinciden todos los marmolistas consultados por Efe, y es en su petición de una rebaja del IVA en los servicios funerarios, que actualmente es del 21 por ciento, ya que consideran que se trata de un servicio indispensable y de alta necesidad.

Porque estos días «se hace mucho hincapié en el número de fallecidos, pero nadie se acuerda de lo que supone la factura», concluyen.

image_pdfimage_print

Dejar respuesta