Los huesos de los soldados caídos en Waterloo se vendieron como abono

Un nuevo estudio de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) sugiere que los huesos de los soldados caídos en la batalla de Waterloo pudieron venderse como abono

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Waterloo
El barranco de Waterloo (Ulpiano Checa). | Wikimedia Commons

EUROPA PRESS | Un nuevo estudio de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) sugiere que los huesos de los soldados caídos en la batalla de Waterloo pudieron venderse como abono, dado que se han encontrado muy pocos restos humanos de un acontecimiento en el que murieron miles de personas. La investigación, publicada en el ‘Journal of Conflict Archaeology’ concluye que esta hipótesis es muy probable. No obstante, el profesor Tony Pollard, experto principal, puntualiza que aun no se trata de un caso cerrado y el misterio sigue abierto.

El director del Centro de Arqueología de Campos de Batalla de la Universidad de Glasgow muestra datos originales que comprenden descripciones y dibujos de campos de batalla recién encontrados, realizados por personas que los visitaron en los días y semanas posteriores a la derrota de Napoleón.

Entre ellos se encuentran las cartas y las memorias personales de un comerciante escocés que vivía en Bruselas en el momento de la batalla, James Ker, que la visitó en los días siguientes a la batalla y describe a los hombres que murieron en sus brazos. En conjunto, los relatos de los visitantes describen la ubicación exacta de tres fosas comunes que contenían hasta 13.000 cuerpos.

Pero el profesor Pollard cree que es poco probable que conduzcan estos nuevos datos al descubrimiento de una fosa común con los huesos largamente perdidos de los que dieron su vida en esta batalla, que finalmente concluyó una guerra de 23 años.

«A pesar de las licencias artísticas y la hipérbole sobre el número de cuerpos en las fosas comunes, los cuerpos de los muertos fueron claramente eliminados en numerosos lugares a lo largo del campo de batalla, por lo que es algo sorprendente que no haya ningún registro fiable de que se haya encontrado una fosa común –prosigue–. Al menos tres artículos periodísticos de la década de 1820 en adelante hacen referencia a la importación de huesos humanos de los campos de batalla europeos con el fin de producir fertilizante».

«Los campos de batalla europeos pueden haber proporcionado una fuente conveniente de huesos que podrían ser molidos en harina de hueso, una forma eficaz de fertilizante. Uno de los principales mercados para esta materia prima eran las Islas Británicas», afirma Pollard–. Waterloo atrajo visitantes casi tan pronto como se disipó el humo del cañón. Muchos vinieron a robar las pertenencias de los muertos, algunos incluso robaron dientes para hacer prótesis, mientras que otros vinieron simplemente a observar lo que había sucedido. Es probable que un agente de un proveedor de huesos llegara al campo de batalla con grandes expectativas de asegurar su premio».

Según este experto, «los objetivos principales serían las fosas comunes, ya que tendrían suficientes cuerpos en ellas para merecer el esfuerzo de excavar los huesos. Los habitantes de la zona habrían podido indicar a estos agentes la ubicación de las fosas comunes, ya que muchos de ellos tendrían recuerdos vívidos de los entierros que se llevaron a cabo, o incluso podrían haber ayudado en la excavación».

También considera posible que «las diversas guías y cuadernos de viaje que describían la naturaleza y la ubicación de las fosas hayan servido esencialmente como mapas del tesoro con una X para marcar el lugar».

«Sobre la base de estos relatos, respaldados por la bien atestiguada importancia de la harina de huesos en la práctica de la agricultura, el vaciado de fosas comunes en Waterloo para obtener huesos parece factible, y la conclusión probable es esa», subraya.

Pero, para determinarlo de una vez por todas, como parte de su papel de académico principal y director arqueológico de la organización benéfica Waterloo Uncovered, el profesor Pollard ayudará a dirigir un «ambicioso» estudio geofísico de varios años de duración, en el que participarán veteranos que se unirán a la excavación para proporcionar información a arqueólogos de talla mundial. A su vez, recibirán atención y recuperación.

«La siguiente etapa es volver a Waterloo, para intentar trazar las tumbas resultantes del análisis de los relatos de los primeros visitantes de los que se ha informado aquí –anuncia Pollard, profesor de Historia y Arqueología de los Conflictos–. Si los restos humanos han sido retirados a la escala propuesta, entonces debería haber, al menos en algunos casos, evidencia arqueológica de las fosas de las que fueron extraídos, por muy truncadas y mal definidas que estén».

«Abarcando grandes áreas del campo de batalla durante los próximos años, buscaremos identificar áreas de alteración previa del terreno para probar los resultados de la revisión de fuentes y el mapa de distribución, y en conjunto con más investigación documental y algunas excavaciones proporcionarán una imagen mucho más definitiva del destino de los muertos de Waterloo», asegura, y añade que si el equipo encontrara algo, sería un descubrimiento extremadamente raro.

En 2015 se descubrió un esqueleto humano durante la construcción de un nuevo museo y aparcamiento en el lugar. Luego, en 2019, los huesos de una pierna humana amputada fueron desenterrados por el equipo de Waterloo Uncovered en una excavación del principal hospital de campaña aliado. También hay un esqueleto de procedencia incierta en el museo de Waterloo.