Los perros y gatos callejeros de El Cairo también rompen el ayuno en Ramadán

Desde hace dos años, la asociación egipcia Meow Tours organiza durante cada mes de Ramadán un iftar, la comida con la que se rompe el ayuno tras la puesta de sol, pero para perros y gatos callejeros de El Cairo para recordar a los vecinos que la calle es un espacio de convivencia entre especies

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Un joven voluntario egipcio de la iniciativa Meow Tours da de comer pienso a un gato pocas horas antes de la puesta de sol, cuando los egipcios rompen el ayuno durante el mes sagrado de Ramadán. EFE/ Carles Grau Sivera

Carles Grau Sivera

Un perro pulgoso hurgando en la basura en busca de restos o un gato echándose una siesta encima del capó de un coche es una estampa tan habitual en El Cairo que casi pasa desapercibida. Sin embargo, estos pequeños inquilinos de la capital egipcia se han convertido en unos selectos comensales para romper el ayuno durante el mes sagrado de Ramadán.

Desde hace dos años, la asociación egipcia Meow Tours organiza durante cada mes de Ramadán un iftar, la comida con la que se rompe el ayuno tras la puesta de sol, pero para perros y gatos callejeros de El Cairo para recordar a los vecinos que la calle es un espacio de convivencia entre especies.

Ayunar durante jornadas maratonianas es el día a día para la superpoblación de perros callejeros en Egipto, que se calcula que asciende a 15 millones, según datos oficiales.

Sin embargo, este domingo un escuadrón de jóvenes voluntarios cargados con decenas de kilos de comida para animales se ha recorrido el barrio de Maadi, en el sureste de la capital, para dar de comer a una parte de esta peluda y numerosa comunidad, bajo el pretexto del mes sagrado musulmán.

«Me di cuenta de que nadie está interesado en concienciar sobre los derechos de los animales en Egipto, así que pensé cómo hacer algo diferente», dice a Efe Mostafa Abdelaty, un joven de 32 años y fundador de Meow Tours.

DECENAS DE VOLUNTARIOS

Este joven fotógrafo freelance organiza en sus ratos libres quedadas con decenas de voluntarios, que recorren las calles de la capital sin pausa, cargados con pienso, para que ningún perro, ningún gato o ninguna paloma curiosa que pase por ahí de casualidad se quede sin comer.

Su misión animalista nació en un refugio de animales al que no podía acudir recurrentemente por su lejanía, así que poco a poco está tratando de convertir todo el país en un gran refugio.

La clave es la concienciación: para reclutar a voluntarios ha creado una página de Facebook en la que va informando sobre próximos eventos y quedadas, no solo en El Cairo, sino en otras grandes ciudades como Alejandría. El objetivo es mejorar un poco el día de los animales y llenar sus estómagos, cuenta.

«Simplemente nos reunimos con la gente para tomar el iftar juntos y para dar de comer a los animales callejeros. Compartimos este momento con ellos», dice Abdelaty.

Sin embargo, confiesa que esta iniciativa no es bien recibida por todo el mundo, puesto que existen varios prejuicios en torno a los perros en el islam, un animal considerado «impuro».

«Hay muchas personas que les dan veneno. Tienen miedo de ellos y los odian, por eso nosotros estamos buscando la forma de arreglar esto», asegura el joven.

OPINIONES DIVIDIDAS

De acuerdo con Abdelaty, la opinión de la gente sobre lo que hace está «muy dividida»: algunos apoyan la iniciativa y les muestran dónde se encuentran «sus mascotas callejeras», mientras que otros «no quieren que nadie les ayude a sobrevivir».

Marina, una joven profesora de inglés de 25 años, intenta no perderse ningún iftar de animales callejeros porque siente que hace «algo bueno y aquí siempre se junta muy buena gente».

Como sus compañeros, coge un poco de pienso de su bolsa, se acerca a un cachorro que corre hacia ella meneando el rabo y se espera a que el can termine de comer antes de pasar a servir al siguiente comensal.

«Me encantaría hacerlo en todo Egipto y hacer más eventos, crear una comunidad en todo el país para concienciar. Eso puede prevenir muchos problemas, porque si trabajas individualmente no puedes hacer nada», dice Abdelaty mientras mira con orgullo a la veintena de voluntarios que hoy han acudido a su llamada. EFE

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