Una máquina de compresas acaba con la vergüenza menstrual en Bangladesh

Las máquinas dispensadoras han cambiado cambiado la vida a muchas mujeres: "ya no tengo que sentirme inferior, puedo conseguir lo que necesito fácilmente"

0
1026

Azad Majumder (EFE) | En plena menstruación, Ety Afrin, una estudiante de literatura inglesa de la Universidad de Dacca, prefería esperar a que todos los hombres se hubieran marchado de la tienda, para evitar así la vergüenza de comprar un compresa en el conservador Bangladesh.

Pero el problema de Afrin se resolvió este año, cuando el sindicato de estudiantes de su universidad instaló ocho máquinas expendedoras de toallas sanitarias en diferentes puntos del campus, lo que permite que unas 12.000 estudiantes compren a un precio asequible sin tener que preguntar a nadie.

«Cada vez que iba a comprar una compresa, a menudo encontraba chicos en las tiendas. Me daba vergüenza pedirlas porque veía gente en la tienda que me miraba de forma extraña. A veces, aunque tuviera una emergencia, tenía que esperar 10 o 15 minutos», rememoró Afrin.

Las máquinas dispensadoras, sin embargo, han cambiado eso: «ya no tengo que sentirme inferior. Puedo conseguir lo que necesito fácilmente».

La iniciativa fue puesta en marcha por el Sindicato Central de Estudiantes de la Universidad de Dacca (DUCSU) con la ayuda de una compañía farmacéutica con el fin de hacer que la higiene menstrual sea más accesible y más barata para las estudiantes, rompiendo así el tabú social vigente.

LAS MÁQUINAS SE HACEN POPULARES

«Nuestro país está avanzando en muchas áreas. Pero nuestra sociedad aún no ha cambiado su actitud hacia la higiene menstrual. Para muchas personas es un tema tabú, y partiendo de ese problema queríamos luchar contra esto», explicó a Efe Tilottama Sikder, miembro de DUCSU.

El proyecto impulsado por Tilottama, poco después de ser elegida como miembro de DUCSU, y ACI Pharmaceuticals, una de las principales farmacéuticas de Bangladesh, es la primera de su tipo en el país.

«Ahora estamos recibiendo llamadas de otras universidades que también quieren implementar el sistema. El gran interés de otros lugares muestra que la actitud hacia el período está cambiando», dijo Tilottama.

El éxito de las dispensadoras es tal que las máquinas son recargadas casi a diario.

El subdirector de ACI, Mohammad Sharifuzzaman, mostró a Efe sus satisfacción por la respuesta de las estudiantes y adelantó que la compañía planea proporcionar máquinas a otras universidades.

«Recibimos comentarios de las jóvenes, están realmente felices. Todos los días, entre 40 y 50 mujeres usan estas máquinas», dijo.

El proyecto ha recibido la bienvenida de ginecólogos y trabajadores comunitarios que conocen de cerca los problemas de las mujeres para afrontar su menstruación.

Para el destacado ginecólogo Rowshan Ara, expresidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología bangladesí, «la idea es muy buena», porque sirve para poner fin a una práctica que ha degenerado en un problema de salud.

«Hemos visto a mujeres que usan paños cuando van a la escuela, algo que no puede ser usado durante mucho tiempo, ya que la sangre contaminada permanece en la tela y provoca infecciones graves», dijo.

Según el especialista, hay casos en los que las niñas usan paños sucios y luego los esconden para su reutilización, esto es, dijo, «un problema grave en las aldeas, donde no hay presupuesto para que las niñas compren toallas sanitarias».

LA VERGÜENZA DE LLEGAR A LA PUBERTAD

De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Higiene de 2014, la última disponible al respecto, solo el 10 por ciento de las estudiantes bangladesíes usaba compresas desechables durante la menstruación.

Esas estadísticas generales de todo el país mejoraban cuando se centraban en las áreas urbanas, con el 21 por ciento de las estudiantes, aunque caía estrepitosamente al 9 por cierto en las zonas rurales.

La encuesta encontró además que el 86 por ciento de los estudiantes usaban paños viejos y el 89 por ciento guardaba los que ya había utilizado en un lugar secreto para volver a usarlos en el siguiente período.

También reveló que alrededor de una cuarta parte de las adolescentes dejaba de ir a la escuela durante la menstruación y casi un tercio pensó que los problemas menstruales interferían con el rendimiento escolar.

Sharmin Kabir, fundadora de Wreetu, una empresa social que trabaja con jóvenes sobre la pubertad, la menstruación y la salud reproductiva, señaló que este es un problema porque sigue habiendo supersticiones sobre el período.

«Estamos trabajando en la higiene de la pubertad desde 2016. Gracias a ello entendimos que el tabú existe en casi todas las partes de la sociedad, no solo en las aldeas o en las barriadas, es prácticamente en todas partes», aseguró a Efe Kabir.

En Bangladesh, muchas personas «todavía consideran la pubertad como un pecado de las niñas, muchas familias no les permiten que hablen con los niños durante su período, que vayan a la escuela, que se peinen, que se arreglen el cabello o no se les alimenta apropiadamente», relató.

Para la trabajadora social ni siquiera las escuelas inglesas de la capital están libres de este tabú, como comprobó recientemente cuando el director de uno de los mejores colegios del país le impidió hablar con chicas sobre la pubertad.

Sin embargo, la fundadora de Wreetu piensa que las iniciativas gubernamentales y privadas han hecho que «la conciencia sobre la pubertad y la higiene menstrual esté ahora creciendo, sobre todo entre los hombres».

«Ahora vemos que los padres no quieren que sus hijas se enfrenten a un trauma similar al que enfrentaron sus esposas», concluyó.

image_pdfimage_print

Dejar respuesta