La música nos «ayuda a ser más inteligentes»

La investigadora Silvia Núñez ha demostrado que sus terapias con secuencias sonoras ordenadas estimulan neuronalmente al ser humano

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Silvia Núñez (EFE / Jero Morales).

Jero Díaz Galán (EFE) | La investigadora Silvia Núñez ha demostrado que sus terapias con secuencias sonoras ordenadas estimulan neuronalmente al ser humano sin distinción de edad ni de capacidad, lo que pone de relieve que la música «ayuda a las personas a ser más inteligentes».

Silvia Núñez (Mérida, 1974), pianista y compositora, patentó hace doce años el método SINUDI, «una herramienta de investigación e intervención neuropsicológica», según explica en una entrevista con Efe, con la que «a través de los dos principales elementos de la música, el sonido y el ritmo, se desarrollan las habilidades cognitivas superiores, como la atención, la memoria, el lenguaje o la psicomotricidad fina».

Después de años de investigación, ha podido demostrar que sus terapias con este método pueden llegar a aumentar más de un 500 % la atención sostenida y la memoria en niños, un porcentaje que se eleva al 1.500 % entre los menores que padecen Trastorno de Déficit por Atención (TDAH), el de mayor incidencia entre la población infantil a nivel mundial.

Así se recoge en su tesis doctoral, «Metodología SINUDI, estimulación neuronal con secuencias sonoras ordenadas. Desarrollo en la atención sostenida y memoria en niños de 8/9 años sin y con TDAH», dirigida por el jefe de neurología del Hospital Gómez Ulla de Madrid, Antonio Martín Araguz, y codigirida por el doctor en Psicología Cognitiva de la Universidad Complutense de Madrid, José Javier Campos Bueno, con la que ha obtenido una calificación de sobresaliente «cum laude» y ha sido seleccionada para premio extraordinario.

Su investigación, realizada con un centenar de niños, con y sin trastorno, concluyó que los alumnos que durante cuatro meses fueron estimulados con estas secuencias sonoras, obtuvieron “mejor rendimiento académico, mejor concentración, mayor atención, mayor memoria, y mayor autocontrol tanto en comportamiento como a la hora de la escritura, de la psicomotricidad fina”.

Con su método, Núñez, profesora del Conservatorio Profesional Esteban Sánchez de Mérida, ha abordado en los últimos seis cursos en este centro el programa Neuroredes, pionero en la estimulación neuronal de niños con discapacidad intelectual y del desarrollo a través de la música.

SINUDI, según explica su impulsora, se puede aplicar de manera pasiva, simplemente al escuchar estas secuencias sonoras, o de forma activa, como se hace en Neuroredes, donde los chicos tocan un instrumento o cantan para obtener el sonido y el ritmo como “herramientas para ese desarrollo neurocognitivo”, en todos los casos con una mejora apreciable que ha posibilitado que tres de ellos hayan pasado a ser alumnos oficiales del conservatorio emeritense con programas adaptados.

Los resultados de esta metodología “se observan de manera científica» desde la etapa prenatal hasta el final de la vida, recalca Silvia Núñez, lo que demuestra “la importancia que tiene el sistema auditivo para poder regar el cerebro y poder estimularlo”.

De hecho, ella empezó a investigar en este ámbito con sus propios embarazos y descubrió como, al estimular con sonidos a su hija mayor antes de nacer, esta consiguió con tan solo nueve meses «cantar de manera ordenada un vals de Strauss».

También realizó experimentos en la consulta de ginecología del Hospital del Vilanopó de Elche (Alicante), donde pudo registrar la relajación y una “sonrisa fetal de mero placer” al someter a una embarazada y a un feto estresado a sus secuencias sonoras.

Núñez tiene grabadas todas estas experiencias en vídeo y las exhibe para demostrar lo que la música puede hacer por las personas, también entre los ancianos que presentan alguna demencia, como los enfermos de Alzheimer, donde “la música como terapia juega un grandísimo papel, porque irrumpe en el sistema límbico, sede de las emociones y los recuerdos”.

También defiende la importancia de la música como «un catalizador de las emociones, de la rabia, de la ira”, de ahí su valor igualmente para ayudar a los enfermos mentales.

Por ello, entre darle un móvil o instrumento musical a un niño la diferencia es abismal para ella, ya que en el primero de los casos la atención “salta como el mono por los árboles” ante todo tipo de estímulos que impiden la concentración y someten al cerebro a una alerta constante que genera cortisol, la hormona del estrés, con todos los problemas que eso puede generar, como insomnio o dolores de cabeza .

Por el contrario, darle a un niño un instrumento y enseñarle música “supone estimularlo de forma integral”, porque fijas su atención, lo que hace mejorar otras cualidades cognitivas como el lenguaje o la memoria, además de que le ayudas a desarrollarse emocionalmente. “Es más sensible, tiene más empatía, más autocontrol y más autoconocimiento de sí mismo”, asegura.

Núñez defiende que debería crearse un grado universitario de Musicoterapia, “como ocurre en otros países como EEUU o Argentina” y apuesta por fomentar “una neuroeducación” que tenga a la música como pilar fundamental, dado su “poder completo en la estimulación neuronal” y por que la sanidad y la atención psicosocial tengan en cuenta estas investigaciones.

«Siembre seríamos más felices”, concluye, porque “la música equilibra el pensamiento, equilibra los nervios, el estrés, y ahora, con estas investigaciones, se demuestra que ayuda a las personas a ser más inteligentes”.

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