La nueva vida de once tigres abandonados por la covid en un zoo de Tailandia

Once tigres y dos osos han sido protagonistas de una compleja y arriesgada operación de rescate después de que el zoo en el que vivían fuera abandonado

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Un tigre (archivo - David Mark en Pixabay).

Nayara Batschke (EFE) | Once tigres y dos osos han sido protagonistas de una compleja y arriesgada operación de rescate después de que el zoo en el que vivían en Tailandia fuera abandonado por la falta de turistas durante la pandemia. Ahora los animales disfrutan de una nueva vida en un santuario en el interior del país.

El periplo de los animales comenzó a finales de 2021, cuando el zoo donde vivían en la turística isla de Phuket se declaró en bancarrota y fue forzado a interrumpir sus actividades debido a la falta de turistas por la pandemia de coronavirus.

«El zoo se declaró en bancarrota, ya no había comida para alimentar a los tigres y los osos. Estaban buscando una opción para solucionar el problema y acudieron a nosotros», explica a Efe Edwin Wiek, fundador y director de Wildlife Friends Foundation, el mayor centro de rescate de vida silvestre de Indochina.

La ONG elaboró entonces una complicada hoja de ruta para liberar a los animales, que fueron dejados atrás de la noche al día y pasaron varios meses sin recibir los cuidados adecuados, por lo que estaban desnutridos y, en algunos casos, enfermos.

«Ellos estaban (encerrados) en jaulas pequeñas, algunas de las jaulas mayores se caían a pedazos (…) y también había poco dinero para alimentos, entonces muchos de ellos recibían lo mínimo de comida necesaria para sobrevivir», explica Wiek, al agregar que esos felinos necesitan cerca de cinco kilos de carne por día para vivir de forma apropiada.

La operación de rescate contó con la participación de una veintena de personas y se extendió durante varios meses debido a su alto nivel de complejidad. Entre febrero y mayo, los animales recorrieron casi mil kilómetros en el interior de un camión, donde un equipo monitoreaba «cada cinco o diez minutos» sus condiciones de salud.

«No quieres que ellos mueran, se enfermen o se lastimen debido a las medicaciones o anestesias. Era una operación muy arriesgada, por lo que decidimos hacerla en tres turnos, moviendo a tres o cuatro tigres cada vez», asegura el director.

«UNA VIDA COMPLETAMENTE NUEVA»
Tras un largo periodo de tratamiento médico, fisioterapia y cuarentena, los tigres y osos, de edades de entre 2 y 19 años, finalmente están sanos y pueden disfrutar desde inicios de mes de una vida «lo más cerca posible» de lo que encontrarían en su hábitat natural.

«Ahora ellos tienen abrigos grandes, están corriendo, jugando. A los dos tigres más jóvenes se les ve divirtiéndose mucho, corretean, trepan a los árboles, hacen su siesta, van a nadar. Para ellos es una vida completamente nueva», celebra Wiek.

Los nuevos residentes se juntan así a cerca de otros 850 animales, entre ellos 24 elefantes, 40 osos y decenas de primates, que viven en ese santuario, que opera desde hace 21 años y está situado en la provincia de Phetchaburi, a unos 200 kilómetros de Bangkok.

En sus más de 86 hectáreas -equivalentes a unos 100 campos de fútbol-, la Fundación igualmente gestiona un hospital veterinario y un centro de rehabilitación, ya que la meta es «devolver a la naturaleza el mayor número de animales posible».

«Cuando llega un nuevo paciente, le hacemos todo un chequeo, le dejamos ingresado y después en cuarentena. Una vez concluida la rehabilitación, si tienen condiciones le devolvemos a la vida salvaje», afirma la enfermera Gib.

Sin embargo, el regreso al hábitat natural no siempre es posible, ya que muchos de esos animales han pasado años conviviendo con humanos o siendo explotados en espectáculos de entretenimiento, como es el caso de la mayoría de los elefantes.

«Tenemos animales que fueron confiscados del tráfico ilegal, animales que fueron atropellados mientras vivían en la naturaleza o electrocutados cuando trepaban a las líneas eléctricas; algunos eran mascotas de personas y fueron abandonados», subraya Wiek.

Así, en un intento de concienciar a la población, la sede de Wildlife Friends Foundation ofrece programas de voluntariado, visitas guiadas e incluso habitaciones para cortas estancias en el interior de sus instalaciones.

Este refugio natural sigue sobreviviendo desde hace más de dos décadas a pesar de las múltiples solicitudes y acciones legales de personas implicadas en el tráfico de animales que piden su cierre, un escenario que su fundador califica como «desafiante» pero que asegura merece la pena.

«Tenemos que darles a esos animales la mejor vida, lo más cerca posible de la naturaleza y eso es lo que tratamos de hacer aquí», enfatiza.