Tener propósitos en la vida podría reducir el riesgo de mortalidad

"Se sabe que tener un propósito en la vida mejora muchos resultados de salud en promedio", asegura un estudio

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2010
Gente (Brian Merrill en Pixabay).

EP | Un nuevo estudio dirigido por un investigador de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston (BUSPH) en Estados Unidos muestra que tener un objetivo en la vida para uno mismo, es decir, darle un sentido de dirección y objetivos en al vida, puede estar relacionado con una mejor protección de la salud, así como un mejor funcionamiento físico y, por tanto, un menor riesgos de mortalidad por enfermedad cardiovascular o deterioro cognitivo.

El estudio, publicado en la revista ‘Preventive Medicine’, ha demostrado que las personas con niveles más altos de propósitos pueden tener un menor riesgo de muerte por cualquier causa, y que esta asociación es aplicable en todas las etnias y géneros. Asimismo, sugiere que esta asociación es ligeramente más fuerte entre las mujeres que entre los hombres.

«Se sabe que tener un propósito en la vida mejora muchos resultados de salud en promedio», dice el autor principal del estudio, el doctor Koichiro Shiba, profesor asistente de epidemiología en BUSPH, quien en un estudio anterior encontró que el efecto del propósito en la reducción de la mortalidad por todas las causas puede diferir según el nivel socioeconómico. En este estudio, señala, «ampliamos la evidencia previa y descubrimos que el efecto beneficioso del propósito persistió independientemente del género y la raza/etnicidad».

Para el estudio, el doctor Shiba y sus colegas de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard (Harvard Chan) utilizaron datos del Estudio de Salud y Jubilación, un estudio representativo a nivel nacional de adultos estadounidenses de 50 años o más.

El equipo evaluó el sentido de propósito autoinformado entre más de 13.000 personas, con base en el ‘propósito en la vida’ de las Escalas de Bienestar Psicológico de Ryff, una herramienta ampliamente utilizada que mide diferentes aspectos del bienestar y la felicidad. Los investigadores también examinaron el riesgo de mortalidad durante un período de ocho años que comenzó entre 2006 y 2008.

Los resultados mostraron que las personas con el mayor sentido de propósito indicaron el menor riesgo de muerte (15,2 por ciento de riesgo de mortalidad), en comparación con las personas con el menor sentido de propósito (36,5 por ciento de riesgo de mortalidad).

El equipo también recopiló datos sobre factores adicionales que pueden influir en la salud, como el estado socioeconómico, otras características demográficas, la salud física inicial y la depresión, y descubrió que un aumento en estos factores también se asoció con aumentos en un mayor sentido de propósito.

Shiba especula que la asociación propósito-mortalidad más fuerte observada en las mujeres puede atribuirse a la diferencia de género en el uso de los servicios de atención médica, «una de las vías postuladas que vinculan el propósito y la salud». «La evidencia sugiere que los hombres tienden a subutilizar los servicios de salud necesarios, debido a la norma social. Sin embargo, se justifica un estudio futuro que investigue los mecanismos subyacentes a la diferencia de género», explica.

Estos hallazgos pueden ayudar a informar futuras políticas y otros esfuerzos para mejorar la salud y el bienestar. «Esta evidencia sobre la heterogeneidad del efecto nos dice si las intervenciones de propósito a nivel de la población pueden promover la salud de las personas no solo en promedio, sino también de manera equitativa», afirma Shiba.

«Aunque la evidencia sugiere que las intervenciones de propósito no conducirían a mayores disparidades raciales en la mortalidad, los formuladores de políticas también deben ser conscientes de otras fuentes de heterogeneidad. Aunque las personas pueden ver el propósito como un factor ‘psicológico’, sus impactos en la salud no pueden explicarse únicamente por los procesos que operan en nuestra mente y biología. Necesitamos considerar cómo el factor psicológico interactúa con nuestro mundo social y, en última instancia, afecta nuestra salud», añade.