Qué es la discalculia y cómo averiguar si tu hijo la padece

Se la conoce como “la dislexia de los números”, debido a sus semejanzas con la dislexia o dificultad de lectura

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Una niña durante sus estudios en línea. Foto de Smartick.

María Jesús Ribas – EFE | La discalculia, o dificultad en el aprendizaje de las matemáticas y para comprender y realizar cualquier tipo de ejercicio relacionado con esta materia, como los cálculos matemáticos, es una de las grandes desconocidas entre las denominadas dificultades específicas del aprendizaje (DEA).

Se la conoce como “la dislexia de los números”, debido a sus semejanzas con la dislexia o dificultad de lectura, otro trastorno del aprendizaje, que según la Clínica Mayo (www.mayoclinic.org) “supone la dificultad para leer a raíz de problemas para identificar los sonidos del habla y comprender cómo estos sonidos se relacionan con las letras y las palabras”.

Pero en lugar de plantear problemas con la expresión mediante palabras como ocurre con la dislexia, la discalculia genera dificultades en el manejo de los números.
Es un trastorno relativamente poco conocido que no guarda relación con el nivel mental ni con el método de enseñanza utilizado, según la entidad benéfico-asistencial española Fundación CADAH (www.fundacioncadah.org).

Este desorden tiene un origen neurobiológico y frecuentemente se presenta de forma conjunta con la dislexia, según la plataforma Smartick (www.smartick.es) de aprendizaje a través de Internet, que ofrece un test en línea para detectar en 15 minutos si la niña o niño que efectúa esta prueba está en riesgo de tener este trastorno.

DETECTAR EL RIESGO A TIEMPO.

El test (www.smartick.es/dyscalculia.html) está dirigido a niños de entre 6 y 10 años, ya que, según los expertos, éstas son las edades idóneas para identificar el problema y empezar a ofrecerles los recursos necesarios que les ayuden a adaptarse al proceso de aprendizaje sin llegar a frustrarse, según Smartick.

La dificultad para comprender y realizar cálculos matemáticos todavía no está tan investigada como la dislexia ni se conoce su prevalencia exacta, calculándose que podría afectar al uno por ciento de la población infantil en edad escolar (según CADAH), a uno de cada 25 niñas y niños (de acuerdo a Smartick) o incluso a un mayor porcentaje de personas, según otras fuentes.

Para enseñar matemáticas a un niño con discalculia se recomienda una enseñanza muy pautada, con secuencias de aprendizaje bien estructuradas y el uso de objetos que se puedan manipular y favorezcan la comprensión profunda de los conceptos matemáticos, según explica a EFE Javier Arroyo, cofundador del método Smartick de aprendizaje en línea.

UNA ENSEÑANZA ADAPTADA.

Señala que el aprendizaje online es una gran ayuda para el refuerzo de los niños con discalculia, ya que la Inteligencia Artificial de este sistema “permite conocer el perfil y la velocidad de aprendizaje de cada niño, y adaptar el contenido al instante a su comportamiento para que desarrolle confianza en sí mismo y una actitud positiva hacia las matemáticas.

Este tipo de enseñanza es esencial para que el alumno evite las frustraciones en su aprendizaje matemático y pueda progresar hacia conceptos más abstractos, según Daniel González de Vega, cofundador de esta plataforma en internet.

Para Arroyo y González de Vega “es muy importante que estos niños avancen al ritmo que les marca su propia capacidad de aprendizaje y según sus necesidades individuales, sin dejar lagunas en conceptos básicos, los cuales son fundamentales para construir conceptos más abstractos”.

La discalculia puede presentarse de forma muy heterogénea, pero, en general, a los niños con este problema se les torna dificultoso el aprendizaje de las matemáticas, teniendo dificultades para la discriminación entre cantidades, el conteo, el reconocimiento de dígitos y el cálculo, explica Arroyo a EFE.

Sin embargo, “tener dificultades con las matemáticas no siempre implica tener discalculia. Hay otras causas que pueden explicar dichas dificultades como, por ejemplo, un déficit intelectual (en niños con necesidades educativas especiales), los métodos educativos inadecuados, la falta de motivación o una reducida exposición a las experiencias numéricas”, aclara.

Según Arroyo “es difícil diagnosticar la discalculia antes de los 6 años, y con frecuencia se diagnostica pasados los 8 años”. Señala que cuando a un niño no se le detecta tempranamente la discalculia, es probable que sea etiquetado como torpe o vago.

Como consecuencia “desarrollará una animadversión hacia las matemáticas que agravará el problema, pudiendo además perder su autoestima, sentirse incapaz y desarrollar ansiedad ante lo escolar”, según Arroyo, que añade que estas repercusiones académicas y psicológicas pueden tener un gran impacto en su rendimiento en el resto de las materias de estudio.

“Para estas personas, el diagnóstico de discalculia representa no solo una explicación, sino una liberación, ya que permite rebajar los niveles de ansiedad que sufren”, puntualiza.

Una vez que se identifica que el niño presenta una dificultad específica para el aprendizaje, debe acudirse a un especialista en trastornos del aprendizaje que confirme el diagnóstico y descarte que no hay otro trastorno o condición, que pueda explicar su bajo rendimiento en la prueba de Smartick, señala Arroyo.

Posteriormente, ese especialista deberá realizar una intervención específica e integral sobre las habilidades matemáticas básicas que fomente la comprensión de las relaciones numéricas y los procedimientos aritméticos sobre la memorización, señala.
“Asimismo, será necesaria la implicación de la familia y la realización de adaptaciones en el colegio”, apunta Arroyo.