Una británica subasta su virginidad para «pagarse los estudios»

"Es mi cuerpo y creo que debería poder hacer lo que quiera con él", sentencia Amy, una adolescente de 19 años dispuesta a vender su virginidad

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Amy es una adolescente británica con ganas de estudiar y de ayudar a su familia, pero en lugar de buscar un trabajo corriente se ha propuesto ganar casi dos millones de euros subastando su virginidad.

Para conseguir su objetivo se ha inscrito en una agencia de acompañantes y, a sus 19 años, asegura poseer certificación de virginidad para que no haya dudas a la hora de pujar por hacerse con ella.

La chica, que vive en Londres, ha desatado una profunda polémica en Inglaterra entre quienes la acusan de afán de notoriedad y quienes defienden su derecho al sexo libre.

Ella asegura que ha madurado mucho su proyecto y lo ha puesto en marcha convencida de que será la solución a sus «problemas económicos».

Y no le va mal de momento porque ya ha tenido tres encuentros con posibles candidatos a pujar por ser los primeros en acostarse con ella. Según cuenta, un hombre de negocios alemán, un futbolista y un banquero de Wall Street están interesados, pero la puja se mantiene abierta.

Amy también afirma que fue evaluada por un psiquiatra antes de publicar la subasta y que realizó una investigación exhaustiva sobre el proceso para ello.  

La oferta actual por la virginidad de Amy es de 1’2 millones de euros, pero aún podría subir bastante.

«Es una verdadera oportunidad de cambiar mi vida para mejor, una oportunidad de ayudar a mi familia y devolverles algo, de ayudarlos tanto como me han ayudado», opina Amy, que gastaría parte del dinero en «viajar por el mundo y apoyar mi educación, es una oportunidad increíble vender mi virginidad».

Cuando se seleccione al ganador de la puja, la agencia exigirá un depósito del 10% previo al encuentro, que tendrá lugar en un hotel de Alemania. Allí, el comprador tendrá la opción de comprobar la virginidad mediante algún médico local o del que elijan para viajar hasta el lugar.

«Es mi cuerpo y creo que debería poder hacer lo que quiera con él», sentencia Amy.

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