Tres chimpancés torturados por experimentos, en riesgo de desahucio

Susi, Helene y Anton son los tres chimpancés que corren peligro de perder su refugio actual ante la falta de recursos económicos

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Uno de los chimpancés amenazados | EFE

Susi, Helene y Anton son tres chimpancés capturados en Sierra Leona en los 80 y que pasaron años a oscuras en pequeñas jaulas de una farmacéutica alemana que los torturó con experimentos científicos, antes de ser liberados en 1997 y quedar en libertad en un refugio a las afueras de Viena.

Ahora, tras vivir más de dos décadas en un entorno más saludable, estos simios traumatizados corren peligro de perder su refugio actual ante la falta de recursos económicos.

Son solo tres de un total de 34 monos que viven actualmente en el recinto de la fundación Gut Aiderbichl, situado al este de Viena, cerca de la frontera con Eslovaquia.

En 1997 la farmacéutica estadounidense Baxter compró la alemana Immuno, que mantenía los monos en míseras condiciones en Austria, y suprimió los experimentos con animales ante el endurecimiento de la legislación austríaca en esa materia.

En una primera fase, los animales fueron ubicados en el parque safari de Gänserndorf, donde vivieron hasta la quiebra de ese lugar en 2004.

Tras culminar el proceso de insolvencia del parque safari, la fundación austríaca para la protección de animales Gut Aiderbichl logró hacerse cargo de los chimpancés traumatizados en 2009.

Con ese fin, construyó un gran centro al aire libre para ellos, de más de 2.500 metros cuadrados.

El proceso de reubicar a los primates no fue fácil, recuerda Renate Foidl, una de las cuidadoras más veteranas del centro.

«Expertos internacionales observaron la situación de los chimpancés para ver cómo podían vivir juntos, cómo se podían agrupar y en qué sitios podían volver a vivir como chimpancés», cuenta en declaraciones a Efe.

El centro está distribuido en dos recintos que ofrecen espacio suficiente para que los animales se sientan libres y, al mismo tiempo, permanezcan protegidos.

En uno de los recintos se encuentran los primates que más experimentos padecieron y, por tanto, más traumatizados están.

En el otro, habitan los que menos tiempo estuvieron encerrados en los laboratorios, por lo que sufren menos los efectos colaterales y postraumáticos.

El daño psicológico que padecieron estos animales, algunos de ellos infectados con virus como el VIH o el de la hepatitis para realizar pruebas científicas, es tan fuerte que, a día de hoy, no pueden estar en contacto ni con humanos ni con otros monos.

Los demás, viven en recintos donde pueden relacionarse entre ellos, trepar por los árboles y pasear por las instalaciones que tienen al aire libre.

A finales de este año, sin embargo, los fondos de Baxter para garantizar los cuidados de los animales se terminan y, en consecuencia, este refugio está amenazado con el cierre por falta de recursos.

Por eso, Gut Aiderbichl ha iniciado una campaña pública, en prensa y redes sociales, para lograr los fondos necesarios antes de 2019 y así poder mantener las instalaciones.

Por cada mono se necesitan 55 euros (65 dólares) por día para garantizar el funcionamiento del centro o, lo que es lo mismo, al menos 680.000 euros (800.000 dólares) por año.

Pese al peligro de tener que cerrar, los responsables del centro se muestran optimistas respecto al futuro de los animales.

«Tenemos socios y ‘padrinos’, gente que nos apoya y nos ayuda, confiamos obtener suficientes donaciones para finales de año», dice Foidl con optimismo.

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