Un vehículo a la carta para sortear las cuestas del pueblo y de la vejez

A media hora de camino de Mérida en dirección sur se encuentra La Zarza, un pueblo pacense enclavada en las faldas del monte Calvario que cuenta con 3.380 habitantes

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La localidad pacense de La Zarza, de 3.380 habitantes, cuenta con un vehículo a demanda gratuito para facilitar la movilidad de las personas mayores, el 20 % de la población, único en España en municipios de este tamaño y premiado recientemente en el Congreso Nacional de Medio Ambiente, que nació para sortear los fuertes desniveles que tienen muchas calles del pueblo. | EFE/Jero Morales

Carlos González de Rivera. EFE | A media hora de camino de Mérida en dirección sur se encuentra La Zarza, una localidad pacense enclavada en las faldas del monte Calvario que cuenta con 3.380 habitantes, el 20 % personas mayores, cuya movilidad, condicionada por las elevadas pendientes de sus calles, ha mejorado con un vehículo a la carta.

El pueblo, que se promociona como el lugar donde nace la «tierrablanca», escrito todo junto, la denominación popular del caolín que se obtenía en sus antiguas minas y que servía para blanquear las paredes de las casas, entre otros usos, tiene un desnivel de 80 metros entre la parte más baja y la más alta, donde está la iglesia parroquial de San Martín, y muchas de sus calles tienen pendientes superiores al 15 %.

De la barrera que supone esta orografía parte la creación del servicio de vehículo a demanda que puso en marcha el ayuntamiento en abril de 2019, totalmente gratuito, que acaba de recibir una mención especial en el Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama) y que se suma a reconocimientos anteriores por parte de la ONCE y la Oficina Técnica de Accesibilidad de Extremadura (Otaex).

Y es que La Zarza, conocida también por sus peleterías, de las que aún quedan tres en activo, no se escapa al problema de la despoblación y el envejecimiento que afecta a gran parte de la España rural, de ahí que tenga que afrontar el reto demográfico con medidas como este monovolumen, el único transporte de estas características que hay en el país en un municipio de este tamaño.

El pueblo, que en los años sesenta, antes de la época de la emigración, llegó a superar los 5.100 habitantes, ha perdido unos 250 residentes los últimos diez años y más de un 20 % son ahora mayores de 65 años, unos 850.

El alcalde, Francisco Farrona, apunta a EFE que el 30 % de las personas usuarias del servicio viven solas.

«Hemos convertido la dependencia de muchas personas mayores en independencia», subraya el regidor, que comenta que algunas de ellas estaban supeditadas a sus hijos para ir a la compra o al médico.

El transporte, que funciona por las mañanas de lunes a viernes y que hace entre 30 o 40 viajes diarios, la mayoría por parte de mujeres, se planteó desde el principio a demanda, ya que de haber tenido una ruta fija hubiera estado dando vueltas mucho tiempo de forma innecesaria y habría contaminado más.

El alcalde destaca la demanda que tiene el servicio, que va en aumento, y los logros que se han conseguido en materia de sostenibilidad, ya que es un vehículo compartido y ha reducido el uso del coche privado, además de favorecer la autonomía de las personas y contribuir a la inclusión laboral.

Los conductores, que rotan cada seis meses, son personas con un grado de discapacidad reconocida del 33 %.

El próximo reto del servicio, que cuesta unos 25.000 euros anuales, financiados con fondos propios, es sustituir el vehículo diésel por uno eléctrico, para lo que han concurrido a varias líneas de ayudas de los fondos de recuperación europeos, adelanta Farrona, que considera que si se consigue se «cerraría el círculo» para alcanzar las cero emisiones.

La conductora, Inés Barrero, explica a EFE que tiene unos usuarios fijos, las personas que acuden al centro de día de la localidad, y el resto solicita el servicio por teléfono, la mayoría el mismo día, salvo que tenga que acudir al médico a primera hora y entonces lo solicitan con más antelación.

Barrero dice que la demanda del vehículo, de cuatro plazas y adaptado para una silla de ruedas, aumenta los días del control del Sintrom (tratamiento anticoagulante) o en verano, cuando se duplica por la llegada de los veraneantes y los grupos de la piscina.

A nivel personal considera que el empleo ha sido una buena ayuda para ella, porque sufre fibromialgia y le sirve para no estar encerrada en casa.

Dos usuarias del monovolumen son Isabel Galán y Rosa Ruiz, que no disponen de coche y viven en la zona alta del pueblo, la que más sufre el problema de las pendientes, ya por allí hay pocos servicios.

El día de la visita de EFE a La Zarza la primera de ellas llama al vehículo para ir a comprar el mercadillo, mientras que la otra vecina lo necesita para su visita semanal al cementerio, donde reposa su marido desde hace un año.

«Bajar muy bien, pero subir…¡ay madre!», suspira Rosa por el desnivel que hay que superar para llegar a su barrio.