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Dormir demasiado o demasiado poco puede hacer que enfermes más

EUROPA PRESS | Un amplio estudio ha revelado que los pacientes que acudían a su médico de cabecera y declaraban dormir menos de seis horas o más de nueve tenían más probabilidades de presentar una infección mientras los que declararon dormir muy poco o padecer insomnio o un trastorno crónico del sueño tenían aún más probabilidades […]

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EUROPA PRESS | Un amplio estudio ha revelado que los pacientes que acudían a su médico de cabecera y declaraban dormir menos de seis horas o más de nueve tenían más probabilidades de presentar una infección mientras los que declararon dormir muy poco o padecer insomnio o un trastorno crónico del sueño tenían aún más probabilidades de necesitar antibióticos, por lo que concluyen que dormir bien podría reducir el riesgo de infección y la necesidad de antibióticos, según publican en la revista ‘Frontiers in Psychiatry’.

Científicos de la Universidad de Bergen (Noruega) reclutaron a estudiantes de medicina que trabajaban en consultas médicas para que entregaran breves cuestionarios a los pacientes en los que se les preguntaba por la calidad del sueño y las infecciones recientes.

Descubrieron que los pacientes que declaraban dormir poco o demasiado tenían más probabilidades de sufrir una infección reciente, y que los pacientes con problemas crónicos de sueño tenían más probabilidades de necesitar antibióticos.

«La mayoría de los estudios observacionales anteriores han analizado la relación entre el sueño y las infecciones en una muestra de la población general –afirma la doctora Ingeborg Forthun, autora del estudio–. Queríamos evaluar esta asociación entre pacientes de atención primaria, donde sabemos que la prevalencia de problemas de sueño es mucho mayor que en la población en general».

Ya existen pruebas de que los problemas de sueño aumentan el riesgo de infección. En un estudio anterior, las personas infectadas deliberadamente por rinovirus tenían menos probabilidades de resfriarse si declaraban haber dormido bien.

Los trastornos del sueño son frecuentes y tratables, y si se confirma su relación con la infección y su mecanismo, se podría reducir el uso de antibióticos y proteger a las personas contra las infecciones antes de que se produzcan, pero los estudios experimentales no pueden reproducir las circunstancias de la vida real.

Forthun y sus colegas entregaron a estudiantes de medicina un cuestionario y les pidieron que lo repartieran entre los pacientes de las salas de espera de las consultas de medicina general en las que trabajaban. Se recogieron 1.848 encuestas en toda Noruega.

En las encuestas se pedía a los encuestados que describieran la calidad de su sueño –cuánto tiempo suelen dormir, lo bien que sienten que duermen y cuándo prefieren dormir–, así como si habían tenido alguna infección o utilizado algún antibiótico en los últimos tres meses. La encuesta también contenía una escala que identifica los casos de trastorno de insomnio crónico.

Los científicos descubrieron que los pacientes que declaraban dormir menos de seis horas por noche tenían un 27% más de probabilidades de declarar una infección, mientras que los pacientes que dormían más de nueve horas tenían un 44% más de probabilidades de declarar una. Dormir menos de seis horas, o sufrir insomnio crónico, también aumentaba el riesgo de necesitar un antibiótico para superar una infección.

«El mayor riesgo de declarar una infección entre los pacientes que declararon una duración del sueño corta o larga no es tan sorprendente, ya que sabemos que tener una infección puede provocar tanto un sueño deficiente como somnolencia –afirma Forthun–, pero el mayor riesgo de sufrir una infección entre los que padecían un trastorno crónico de insomnio indica que la dirección de esta relación también va en el otro sentido; dormir mal puede hacer más susceptible a una infección».

Aunque existía cierto potencial de sesgo en el sentido de que el recuerdo de las personas sobre el sueño o los problemas de salud recientes no es necesariamente perfecto, y no se recogió información clínica de los médicos que atendieron posteriormente a los pacientes, el diseño del estudio permitió recoger datos de un gran grupo de estudio que experimentaba condiciones del mundo real.

«No sabemos por qué los pacientes visitaron a sus médicos de cabecera, y podría ser que un problema de salud subyacente afecte tanto al riesgo de dormir mal como al riesgo de infección, pero no creemos que esto explique totalmente nuestros resultados», señala Forthun.

Y añade que «el insomnio es muy común entre los pacientes de atención primaria, pero se ha descubierto que los médicos de cabecera no lo reconocen suficientemente. Tanto los pacientes como los médicos de cabecera deben ser más conscientes de la importancia del sueño, no sólo para el bienestar general, sino también para la salud de los pacientes», concluye.

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