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El argentino que vive del cuento en un pueblo de la España vaciada

Almudena Álvarez | EFE – Ha recorrido miles de kilómetros hasta encontrar en Palencia su lugar en el mundo, en Paredes de Nava. Es aquí, en la España vaciada, donde Miguel Ángel Ordóñez ha dejado de ser un titiritero ambulante para convertirse en el argentino que vive del cuento en su propio museo. «Nací en el […]

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Almudena Álvarez | EFE – Ha recorrido miles de kilómetros hasta encontrar en Palencia su lugar en el mundo, en Paredes de Nava. Es aquí, en la España vaciada, donde Miguel Ángel Ordóñez ha dejado de ser un titiritero ambulante para convertirse en el argentino que vive del cuento en su propio museo.

«Nací en el siglo pasado en Argentina». Se presenta. Fue hace 74 años en la ciudad de Córdoba, por donde un día pasó un titiritero que de niño le marcó el camino. Estudió Bellas Artes, ejerció al otro lado del Atlántico como profesor superior de Bellas Artes, Artes Plásticas y Teatro y fue durante una clase de escultura cuando se dio cuenta de que lo que quería era que sus esculturas hablaran y se movieran.

«Ahí supe que lo que yo quería era trabajar con marionetas que tuvieran vida», explica a EFE. Por eso decidió «salir a los caminos» y hacerse «titiritero profesional», un oficio que reivindica como una rama más del teatro tanto en la representación como en la construcción de las marionetas.

PAREDES DE NAVA (PALENCIA), 12/02/2022.- El titiritero argentino crea las marionetas y títeres que utiliza para sus representaciones en la Casa de los Titeres de Paredes de Nava (Palencia). EFE

Con ese sueño en las manos voló de joven a España, donde ha tenido una vida intensa dentro de la compañía Cristoforo Colombo, con la que viajó por el mundo y de la que heredó muchos de los títeres, muñecos, marionetas y máscaras que ahora tiene en su casa de Paredes de Nava.

«Cuando se disolvió la compañía a mí me tocaron todos los títeres que habíamos construido», explica. Entonces ya estaba en edad de jubilación, sin lugar para almacenar tantos muñecos y con la intención en la cabeza y el bolsillo de quemarlos porque no tenía «plata» ni lugar para conservarlos.

El destino quiso que en un viaje a la montaña palentina conociese al alcalde de Paredes de Nava, Luis Calderón, que decidió dar cobijo a títeres y titiritero en un local del pueblo a cambio de que Miguel Ángel mostrara su arte a los vecinos de este pueblo palentino, a más de 11.000 kilómetros de su localidad natal.

Fue así como aquellos títeres que habían contado infinitos relatos en Marruecos, Rusia o Suecia decidieron, hace ya seis años, sentar cabeza y establecerse definitivamente en la Tierra de Campos palentina, en medio de la España vaciada, donde títeres y titiritero han encontrado una nueva vida.

Desde aquí ha decidido conservar «el viejo arte del titiritero o el teatro popular», un oficio que reconoce «en vías de extinción» a pesar del renacer de encuentros de titiriteros. «Hay grandes compañías de títeres pero titiriteros que venimos de ser ambulantes quedamos pocos», afirma. «En cien kilómetros a la redonda no hay nada como esto», añade.

Ordóñez ha dejado de ser un titiritero ambulante para asentarse en su propio museo y reivindica el oficio de «titiritero profesional» como una rama más del teatro. EFE

Reconoce que puede ser algo «extemporáneo» pero quiere devolver a la sociedad la magia de un tiempo en que en los pueblos vivían la magia de los espectáculos ambulantes, viejos circos, titiriteros, las comedias y músicos que recorrían todos los rincones llevando su arte.

Y, aunque hoy en día hay otros estímulos a través de smartphones, tablets y plataformas digitales y la gente puede desplazarse a las ciudades para ir a ver un espectáculo, asegura que consigue «embobar» a quien tenga la osadía de sentarse en las butacas de su teatro y desconectar el teléfono móvil.

Cuenta con la ventaja de que «los muñecos son mágicos» y de que todos llevamos a un niño dentro. Y consigue embaucar con sus historias a los chavales de los institutos, «a priori» un público más difícil y descreído. «La mayoría de los adolescentes no ha ido nunca al teatro y se quedan maravillados de que dos personas puedan dar vida a tantos personajes solo con sus manos», asegura.

Hoy todo lo que puede verse en la Casa de los Títeres ha salido de su imaginación y de sus manos. Justo encima del teatro hay un taller donde se dan la mano el día y la noche, con pesadillas incluidas, hasta que consigue dar forma a los personajes que él mismo se encarga de despertar.

Los hay de todo tipo, pequeños, grandes y enormes, más clásicos o contemporáneos, construidos con distintos materiales, incluidos muchos reciclados, de guante y de varilla, títeres en la sombra, títeres que se mueven desde dentro, desde arriba o desde atrás…

Son figuras artesanales, únicas, pero no son títeres para exponer, tienen que ganarse la vida y trabajar. Y todos ellos, sin excepción, han trabajado en alguna obra. Algunos han pisado escenarios en medio mundo, otros se hacen por encargo para las pocas compañías que quedan, también se hacen restauraciones de gigantes y cabezudos para los pueblos de alrededor, y otros han nacido para contar historias a los niños y abuelos que acuden a la Casa de los Títeres de Paredes de Nava.

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